El secreto del autocontrol

Fotografía de Candida Abrahamson.

Son las 2 de la madrugada del domingo y apenas he comenzado a escribir esta entrada. He tenido toda la tarde para trabajar en ella, pero mis amigos me llamaron para ver la final olímpica del balonceso y pensé “bueno, en cuanto acabe el partido me pongo a escribir”. Terminó el basket y mis amigos propusieron salir a cenar. ¡Sorpresa!, mi voluntad volvió a doblegarse.

“¿Y a mí, qué me importan las debilidades de tu alma?”, preguntaréis. El caso es que lo ocurrido me ha empujado a hablaros de un fascinante experimento científico sobre el autocontrol y la fuerza de voluntad.

A finales de los años 60, Walter Mischel, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, intentaba resolver el siguiente enigma: ¿por qué algunas personas son capaces de resistir ante las satisfacciones inmediatas mientras otras sucumben a ellas, aunque las sepan dañinas en el largo plazo? Mischel estaba convencido de que este rasgo de la personalidad se forjaba durante la niñez y comenzó su experimento en un lugar muy peculiar: la guardería donde dejaba a sus hijas durante la jornada laboral.

A cada niño se le proponía el siguiente reto: debía permanecer sentado en una habitación frente a una gominola. Si era capaz de resistir sin comérsela hasta que el profesor volviese quince minutos después, sería recompensado con otra gominola. Más de la mitad de los niños acabaron comiéndose la gominola en menos de 3 minutos y sólo el 30% superó la prueba.

El experimento reveló su importancia muchos años después. Mischel siguió la vida de los niños durante dos décadas y descubrió que quienes habían sucumbido más rápido al test eran aquellos que presentarían más problemas emocionales en el futuro. A esos chicos les costaba mantener la atención, manejaban peor las situaciones de estrés y tenían más problemas gestionando sus relaciones de amistad.

Quince años más tarde, los chicos que habían aguantado sin comerse la gominola obtuvieron 200 puntos más de media en el SAT, el test estándar que se utiliza para la admisión en las universidades norteamericanas.

No os perdaís el vídeo al final de esta entrada. Los rostros de esos niños frente a la gominola son quizá la metáfora más divertida y precisa sobre los rasgos de la voluntad humana.

Por cierto, espero que ninguno de vosotros se haya puesto a leer este blog mientras debería estar trabajando. En tal caso, sabed que también habéis perdido la gominola que guardaba para vosotros.

Nota: aquí podéis leer el estudio original.

40 pensamientos en “El secreto del autocontrol

  1. ¡Qué tortura! Yo recuerdo que una de los flagelos de mi niñez era saber que estaría siempre del lado de los niños que se comían “los chuches” y que fumaban incitados por los malos de Pinocho; la película que he odiado más en mi vida… veo que Pinocho tiene clones por todos lados. Si pudiera hacer la prueba ahora mismo yo creo que el vídeo resultante sería, cuando menos, interesante, sólo por ver donde iba a dar la gominola dichosa después de los 3 minutos.

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  3. No tengo voluntad pa naaaaaaaa..ni pa dejar de comer gominolas,ni para dejar de fumar,ni pa hacer dieta..y no será que de pequeña me hicieron esperar demasiado y ahora mi voluntad paga venganza????ay!

  4. Habría pasado la prueba seguramente, de niña no era golosa. En la actualidad tendría que controlarme. Ya me gustaría haber dejado de trabajar para leer, soy pensionista.

  5. Tengo claro que, como querían los medievales, el cuerpo (al menos el mío) es vicioso por naturaleza, y que probablemente haya cuerpos más viciosos que otros, como el experimento demuestra. Pero también creo, con los ilustrados, que es la razón y la responsabilidad humana que la razón genera las que nos ayudan a contener y superar esa tendencia innata al vicio (los medievales creían que había algunos pocos que tenían una tendencia innata a la virtud, a escoger siempre el justo medio, una tendencia innata a la felicidad, no al bien inmediato sino al bien último, personal y colectivo), y que esa razón y esa responsabilidad se forman por medio de la educación, la convivencia, el ejemplo, etc. En otras palabras, el experimento, como casi todos los de este tipo, impone una visión ideológica que fomenta la idea de que la clave está en lo innato (se les llame genes o de otro modo) y en lo inmediatemente empírico, y minimiza la capacidad reflexiva humana, el medio social, y otros complejos factores vitales. Esos niños resisten más o menos a la gominola en virtud de su entorno familiar y social, etc. ¿Se ha hecho la prueba de prometerles cinco euros si no prueban la gominola? Porque esa es otra: una sociedad capitalista en la que el consumismo está exacerbado nos “construye” para saciar cuanto antes nuestros “deseos” de la manera más compulsiva e irreflexiva. En fin, que este tipo de experimento, por muy divertidos que sean, tienen, bajo su apariencia científica, un tufillo protofascista ante el que hay que estar muy alerta.

    • Yo creo que hay otra lectura posible: que el autocontrol se ha de potenciar en los primeros años.

      Pese a esto, creo que en realidad el experimento no demuestra demasiado, ya que la educación que haya recibido un niño por parte de sus padres hasta los 5 años, probablemente será parecida a la que reciba por parte de ellos durante el resto de su infancia y adolescencia. Es decir, que si no se ha potenciado el autocontrol antes de los 5 años, tampoco se potenciará posteriormente.

      Lo que si demuestra es la importancia del autocontrol a la hora de alcanzar nuestras metas, algo por otro lado bastante obvio.

  6. Otra manera de ver ese estudio es a la inversa; por cuanto dejas comprar tu tiempo; 10 minutos en una habitación sin nada q hacer a cambio de una golosina?? Por favor q son niños, un adulto podría quedarse pensando tranquilamente, pero un niño??

    Creo q la mas inteligente ha sido la ultima niña; se ha comido la golosina ha cogido el plato y se ha ido.

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  8. todo muy bien pero tanto tiempo y ninguna teoría para saber el porque del auto control… educación.. genetica? para este experimento mejor la vida que ya nos enteramos solos

  9. Recuerdo este experimento por Eduardo Punset y ya me llamó la atención. Yo creo que hubiera durado lo mismo que la última chica, osea nada, jiji. Extrapolar los resultados a lo académico o cómo nos comportemos en el trabajo creo que dependerán de muchos, muchísimos más factores que el hecho de tener poca o ninguna paciencia. Me ha encantado el video.

  10. A mí tampoco me convence esta extrapolación tan simple. El comportamiento que tenemos a los 5 años depende de muchos factores (entre ellos el nivel de madurez cerebral) así como el que tenemos a los 30. Intentar predecir o de alguna manera condicionar la conducta futura a través de este tipo de experimentos, que sí, que quedan muy visuales y muy monos en documentales, pero que no son leyes infalibles…
    En mi caso no me hubiera comida la gominola, yo era muy disciplinada de niña, siempre haciendo lo correcto para obtener mi recompensa. Llego a la adultez y es cuando me doy cuenta de que me tenía que haber comido todas las gominolas que me hubiera dado la gana y haber disfrutado más de la vida, porque la recompensa (después de un largo y tortuoso camino) se la han llevado un montón de ladrones y caraduras que me han dejado en paro (alguna vez fui profe interina).

  11. Jajaja, me encanta la niña del final que le importa una mierda lo que le está diciendo la mujer, y antes de que le explique en qué consiste ya ha empezado a comer.

  12. No me convence nada este estudio. No sé nada de que hambre tiene cada niño, de si algun niño no le apete más que una gominola, de cual es el entorno familiar y social de estos niños, de si están más o menos estresados. Pues eso.

  13. jaaa, Lo conocía y lo mejor una niña que se comió todo el interior sin muestras aparentes desde el exterior!!! Se dedicará a la banca ahora???

  14. Para esperar sin comértela no hay que tener voluntad, hay que creerse que la tipa volverá y te dará otra. De pequeños, cuela. Luego ya sabemos que cuando te prometen que te darán el doble suele ser mentira

  15. Lo interesante de todo esto no es el estudio en si, que por otra parte parece hasta previsible. La cuestión es: ¿Se puede aprender el autocontrol? o en todo caso, supuesto que el niño sea tremendamente impulsivo por su propia naturaleza, visto el mal futuro que esto tiene ¿se puede modificar o, al menos, matizar?

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