Muere Bolotov, maestro del alpinismo y la vida


bolotov

Alexei Bolotov (Fotografía: Don Bowie)

Hacía mucho tiempo que quería dedicarle una entrada en este blog a Alexei Bolotov, pero lo fui dejando. Ayer se mató en un accidente de escalada.

Bolotov formaba parte de la élite mundial del alpinismo. Había ganado en dos ocasiones el Piolet D’Or, el Nobel de la disciplina. Nadie representaba mejor que él la esencia del alpinismo más puro, el que busca la elegancia y la dificultad por encima de vanidosas carreras por completar ochomiles. Esta primavera, junto a Denis Urubko, intentaba una nueva ruta al Everest en «estilo alpino»: sin porteadores, ni oxígeno, ni campamentos de altura instalados con antelación. Pero una cuerda se partió al rozar con una roca afilada.

Alexei fue uno de los héroes del intento de rescate de Iñaki Ochoa de Olza. Bajaba de la cumbre con un principio de edema pulmonar cuando escuchó por la radio que el alpinista navarro estaba bloqueado en la arista este del Annapurna. Sin dudarlo un instante, se dió la vuelta y se lanzó a intentar ayudar a su amigo.

Siempre rechazó que se le consideraba un héroe por aquella acción. Así se lo explicó al equipo de «Pura Vida», el documental que relata las últimas horas de Iñaki:

Nosotros, los rusos, tenemos muchas tradiciones heredadas de los militares. Rusia es un país que ha participado en guerras y por eso es normal que nos haya quedado algún resquicio.

Desde que nacimos nos han dado una educación colectivista por el comunismo. Lo hemos hecho siempre todo unidos; hemos ido juntos a la guardería, luego al colegio, luego al trabajo… siempre juntos, como un colectivo.

Por eso no fuimos héroes al ayudar a Iñaki, lo hicimos porque sentimos que éramos un equipo. Y lo importante, al fin y al cabo, son las personas.

Las montañas por sí mismas no significan nada, son sólo piedras y hielo. Quien les da vida es el ser humano al subirlas y hablar de ellas; al vivirlas les da entidad.

Descansa en paz, Alexei.

PD.- Cuando tengáis un ratito libre, os ruego que veáis este vídeo sobre el rescate de Iñaki. No conozco ninguna metáfora de la vida mejor que el alpinismo.

Creo que puedo volar (vídeo)

Julien sobre el valle de Chamonix. Fotografía: Sébastien Montaz-Rosset.
(Haz CLICK sobre la foto para ampliar… y sujeta tu mandíbula!!!).

El realizador francés Sébastien Montaz-Rosset ha rodado el documental «Creo que puedo volar» junto a los pioneros del «highlining», una disciplina que combina la escalada y el equilibrismo.

El espectacular trailer, de apenas 3 minutos, nos lleva de Chamonix a los rascacielos de París para terminar en los fiordos de Noruega.

Y hablando de franceses y volar, este post no quedaría completo sin una cita de Monsieur Antoine:

«Vuelo porque volar libera a la mente humana de la tiranía de los asuntos triviales».

P.D.- Mil gracias por la multitudinaria participación en el «Concurso de Ingenio Marsupial». Aún tenéis hasta el domingo por la mañana para enviar vuestra poesía. ¿Quién ganará tan prestigioso galardón?


Nuestros miedos más profundos son los dragones que guardan nuestro más profundo tesoro


Con esta cita de Rilke comienza el poema visual que grabó el cineasta Tyler Stableford sobre el alpinista Steve House. Está en inglés, así que he añadido una traducción debajo.

Esta entrada es el humilde homenaje de este blog a Maruja, una amiga del grupo de alpinismo de mi padre, que perdió la vida hace unos días en el lugar más sagrado del mundo: las montañas.

Te esperamos en la próxima cumbre, Maruja.

He escalado durante los últimos 23 años.
Vengo a estas montañas, a estas paredes de piedra, a estas cascadas heladas,
una y otra vez.
¿Mis mayores éxitos? Encontré el vacío. Irresuelto.
Una y otra vez vengo,
desafiando a mis fuerzas y a mis debilidades.
Una y otra vez.
A los 18 años descubrí la escalada.
Me prometí a mi mismo que sería tan bueno como fuese posible.
Más alto, más duro, más fuerte.
Empuja, sé más ligero, necesita menos, haz más.
Deslízate, cae, patea
Exhausto, exhausto.
Un día, mi compañero y yo nos elevamos a más de 8000 metros en el cielo.
Habíamos alcanzado nuestro imposible.
Estábamos entre los más grandes de todos los tiempos.
La mortalidad retrocedía.
Intenté volver a mi hogar,
pero descubrí que no tenía ninguno.
Cuando has dado todo, ¿qué te queda?
Estaba roto, violento.
Ví a los que estaban rotos por el mismo lugar que yo.
Así pasaron años.
¿Hay algun miedo más profundo que la muerte?
Mi miedo más profundo es que no merezco el amor.
Por demasiado tiempo me había suspendido sobre este vacío,
empujado y achatado, a la vez, por el miedo
He compartido cuerda con 19 personas que ya están muertas,
asesinadas por las montañas.
Estaban, simplemente, en el momento equivocado en el lugar equivocado.
El lugar equivocado, ¿será aquí?
El momento equivocado, ¿será ahora?
¿Lo sabré?