¿Qué ha ocurrido en Egipto desde la “primavera árabe”?

Alberto Sicilia / EL CAIRO

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Crédito de la fotografía: AP / MANU BRABO

Durante los próximos días publicaremos una serie de entradas con lo que hemos aprendido durante este viaje a Egipto. Por eso, me gustaría comenzar con una breve cronología que sirva de referencia.

25 enero – 11 febrero de 2011: Millones de egipcios salen a la calle para protestar contra el régimen de Hosni Mubarak, que ha gobernado el país durante 30 años. La seguridad del estado responde con dureza matando a más de 800 manifestantes.

11 febrero de 2011: Mubarak presenta su dimisión. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas toma el control del país durante un “periodo de transición”.

19 marzo de 2011: Referéndum para aprobar reformas a la constitución propuestas por los militares. La mayoría de los egipcios aprueba los cambios.

Noviembre de 2012 – febrero de 2013: Elecciones parlamentarias. Los Hermanos Musulmanes obtienen casi el 50% de los escaños y los salafistas (ultraconservadores religiosos) ganan el 25%.

24 de mayo de 2012: Primera vuelta de las elecciones presidenciales. Ningún candidato obtiene más del 25% de los votos. Los dos más votados, Morsi y Ahmed Shafiq pasan a la segunda ronda. Morsi es el candidato de los Hermanos Musulmanes. Ahmed Shafiq ya había sido primer ministro durante la dictadura de Mubarak.

Muchos movimientos liberales que impulsaron la revolución considera que ninguno de los candidatos les representa. (Morsi es islamista y Shafiq es una figura del antiguo régimen).

16 de junio de 2012: Segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Morsi y Shafiq. Morsi gana con el 51% de los votos.

Junio de 2012: Se forma la Asamblea Constituyente encargada de redactar la nueva constitución. Esta asamblea está formada por parlamentarios, abogados, autoridades religiosas musulmanes y cristianas, representantes de los sindicatos e intelectuales.

Sin embargo, la Corte Suprema, la asociación mayoritaria de jueces y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas niegan la legitimidad de esta Asamblea Constituyente.

19 de Noviembre de 2012: Liberales y representantes cristianos dimiten de la Asamblea Constituyente acusando a los islamistas de secuestrar el proceso.

22 de Noviembre de 2012: Morsi publica un decreto que concede inmunidad judicial a todas sus decisiones. El presidente considera necesaria esta medida porque “los jueces que fueron nombrados por Mubarak están intentando disolver la Asamblea Constituyente”.

30 de Noviembre de 2012: La Asamblea Constituyente publica su borrador de una nueva constitución que deberá ser aprobada en referéndum.

Diciembre de 2012: Cientos de miles de manifestantes salen a protestar contra el decreto de Morsi y la convocatoria de referéndum constitucional. Morsi anula el decreto que le concedía poderes extra-judiciales, pero mantiene el referéndum constitucional.

15 de dicembre de 2012: Los egipcios aprueban la constitución con el 63% de votos a favor. La participación es muy baja, apenas el 30%.

Las asociaciones feministas denuncian la ausencia de derechos para la mujer en la nueva constitución. Numerosos partidos políticos, intelectuales y figuras públicas anuncian que no reconocen la constitución. Los partidos de la “yihad islámica” también se oponen a ella por considerarla demasiado alejada de la “sharia”.

7 de mayo de 2013: Los problemas económicos de Egipto se agudizan. Para conseguir un crédito del FMI, Morsi está obligado a reducir las subvenciones a los alimentos y los carburantes.

30 de junio de 2013: Cientos de miles de manifestantes piden la dimisión de Morsi. Los seguidores del presidente también salen a la calle para mostrarle su apoyo.

Los miltares dan un plazo de 48 horas a ambos bandos para que encuentren una solución y anuncian que, de lo contrario, tomarán el control del país.

3 de julio de 2013: Golpe de estado. El ejército depone y encarcela a Morsi, suspende la constitución, nombra un gobierno interino, cierra periódicos y televisiones que considera favorables a los Hermanos Musulmanes y anuncia que se redactará una nueva constitución.

14 de agosto de 2013: Tras el golpe de estado, los seguidores de Morsi han instalado acampadas multitudinarias exigiendo la reinstauración del presidente derrocado. En la mañana del 14 de agosto, el ejército disuelve brutalmente estas concentraciones.

Es el día más sangriento en la historia reciente de Egipto: el Ministerio de Sanidad reconoce más de 600 muertos. Los Hermanos Musulmanes elevan esta cifra a más de 2.600 víctimas sólo entre los acampados junto a la mezquita de Rabaa al-Adawiya en El Cairo.

Mohammed El-Baradai dimite como vicepresidente del gobierno interino recién instaurado en protesta por la brutalidad de las fuerzas armadas.

El ejército declara el estado de emergencia e impone el toque de queda a partir de las 7 de la tarde. Miles de miebros de los Hermanos Musulmanes son detenidos y encarcelados.

El Ministro del Interior autoriza a la policía y las fuerzas armadas a “disparar a cualquier persona sospechosa de participar en actos violentos”.

15 de agosto de 2013: Una treintena de iglesias cristianas son destruídas. El gobierno acusa a los Hermanos Musulmanes.

16 de agosto de 2013: Más de un centenar de manifestantes contra el ejército mueren durante el bautizado como “Viernes de la Ira”.

18 de agosto de 2013: 25 soldados egipcios son ejecutados por un grupo islamista en el Sinaí. 35 detenidos mueren en El Cairo en circunstancias indeterminadas mientras eran trasladados a prisión.

21 de agosto de 2013: Hosni Mubarak sale de prisión bajo arresto domiciliario tras ser absuelto de ordenar la represión que acabó con la vida de cientos de manifestantes durante la revolución de 2011.


Una ciudad bajo el toque de queda

Principia Marsupia desde El Cairo

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Crédito de la fotografía: AP/Maya Ayyeruzzo

Las noches deliciosas de té y shisha entre amigos ya no existen en el Cairo. Las risas y el bullicio de sus madrugadas son ahora vacío, silencio y oscuridad.

Y es que, la noche del Cairo tiene nuevos dueños.

A la caída del sol, los comerciantes recogen apresuradamente sus mercancías. Pocos minutos después aparecerán los blidados con ametralladoras que cierran las entradas de las avenidas. Ningún civil puede permanecer en la calle a partir de las siete de la tarde.

Apenas diez kilómetros separan el aeropuerto del centro de la ciudad. En ese corto trayecto, debemos atravesar ocho check-points del ejército. Jóvenes militares, ataviados con fusil, casco de combate y chaleco antibalas, repiten el tétrico ritual en mitad de una autopista a oscuras: 1) “¿Seguro que usted es periodista? ¿No será usted un espía?” 2) “Abra la maleta y enséñeme todo lo que lleva.” 3) “¿Eso es una cámara? Muéstreme todas las fotografías que tiene usted en la tarjeta”.

Y luego, cambiando su tono desafiante por una amplia sonrisa, “Bienvenido a Egipto, señor. Que tenga una feliz estancia”.

En sus casas, los cairotas se arremolinan en torno a televisiones que repiten, una y otra vez, que el país se encuentra en estado de guerra contra el terrorismo. El ejército sabe que para mantener el poder necesita del miedo y la paranoia.

Los generales han robado El Cairo. Las calles siguen aquí, pero su alma se ha evaporado.

Nota: puedes seguir nuestro viaje al Cairo en la página de Facebook de este blog.

Un golpe de Estado, minuto a minuto

02.40 — Fascinante: la Wikipedia ya tiene un completo artículo sobre el golpe de Estado. Puedes leerlo aquí.

02.20 — Además de Al Jazeera, el ejército también ha cerrado 3 canales televisivos que apoyaban a los Hermanos Musulmanes.

02.10 — Un vídeo estremecedor: el ejército entra en los estudios de Al Jazeera Egipto y corta la señal. A partir del segundo 00:20 (vía @HarisAlisic).

01.50 — Reuters informa que Morsi y miembros de su gobierno han sido arrestados.

23.00 — Un resumen de lo ocurrido:

1) El ejército ha derrocado a Morsi.

2) La Constitución ha quedado suspendida.

3) Se ha nombrado un gobierno interino liderado por el presidente del Tribunal Constitucional Egipcio.

4) El nuevo gobierno será encargado de convocar elecciones presidenciales.

5) El ejército ha contado con el apoyo de influyentes líderes religiosos y sociales.

22.40 — Primera intervención de Morsi tras su destitución: “Nos han robado la revolución” (Al-Jazeera)

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22.25 — Según un reciente estudio de Pew Research, el ejército es más popular en Egipto que cualquier partido político.

22.10 — Nour, el segundo partido islamista más importante de Egipto tras los Hermanos Musulmanes, también apoya la destitución de Morsi.

21.50 — Curiosidades del mundo moderno: Morsi ya no es presidente pero sigue controlando las cuentas de Facebook y Twitter del gobierno egipcio.

21.20 — El ejército ha nombrado al Presidente del Tribunal Constitucional Egipcio como presidente de un gobierno de transición.

21.15 — Impresionantes imágenes en directo de Al-Jazeera: estallido de celebración de los manifestantes anti-Morsi en Tahrir (izquierda) y silencio entre los manifestantes pro-Morsi (derecha).

tahrir

21.10Morsi oficialmente derrocado por el ejército.

21.05 — General Abdel Fattah el-Sisi: “la Constitución queda suspendida”.

21.05 — Comienza el comunicado del ejército: “ha sido nuestro deber acudir a la llamada del pueblo”.

21.00 — Según el diario egipcio Al-Ahram, el ejército ha comunicado a Mursi que “ya no es presidente”.

20.20 — El ejército egipcio confirma que ha terminado la reunión que mantenía con la oposición y los líderes religiosos. Los Hermanos Musulmanes habían rechazado participar en conversaciones con el ejército.

Se espera un comunicado a las 21.15 (hora española).

20.15 — Aleem Maqbool, corresponsal de la BBC, informa que la televisión estatal egipcia está emitiendo canciones de apoyo al ejército

20.10 — Según Reuters, el jefe de la Iglesia Copta y el líder opositor ElBaradei anunciarán en breve una “hoja de ruta política”.

20.00 — Fuegos artificiales ahora mismo en la Plaza Tahrir

fuegos

Fotografía: REUTERS/Asmaa Waguih

19.55 — Soldados egipcios rezando al atardecer en uno de los puentes que han tomado

19.50 — El portavoz de los Hermanos Musulmanes declara en Al Jazeera que lo que está ocurriendo “es un golpe de estado” y denuncia que miembros de su partido “están siendo arrestados por el ejército”.

19.00 — El ejército está tomando los puentes sobre el Nilo.

https://twitter.com/saramsalem/status/352468645395456000/

18.55 — Essam Haddad, ayudante de Morsi, dice que “nadie sabe donde está el presidente” en declaraciones a la CNN.

18.50 — Los tanques del ejército están llegando a la plaza de Tahrir:

18.40 — Según Al-Jazeera el ejército ha comenzado a disparar al aire en una de las manifestaciones anti-Morsi.

18.30 — Jeremy Bown, el corresponsal de la BBC, ha tomado esta fotografía de los tanques en la Universidad de El Cairo

18.30 — Los manifestantes pro-Morsi demuestran su apoyo al Ejército

18.25 — Los tanques ya están en movimiento a las afueras de El Cairo según CNBC News.

18.20 — Según Al-Arabiya, el número de muertos se eleva a 37 desde anoche.

18.15 — Manifestantes pro-Morsi aclaman a un policía que se han unido a su protesta.

18.10 — Cientos de miles de manifestantes pro-Morsi y anti-Morsi siguen esperando el comunicado del Ejército. El últimatum al gobierno expiró hace una hora.

18.05 — Según un informe de Human Rights Watch, 91 mujeres han sido asaltadas sexualmente en Tahrir durante las últimas horas.

18.00 — Comunicado de Essam Haddad, figura muy cercana a Morsi:

“Llamemos las cosas por su nombre: esto es un golpe de estado”

17.55 — Según el New York Times, el ejército ha prohibido la salida del país de Morsi y otros altos dirigentes de los Hermanos Musulmanes.

17.45 — Este mensaje publicado en Facebook por la Oficina de la Presidencia en Relaciones Externas acusa al ejército de “golpe de estado”:

Ningún golpe militar puede prosperar a no ser que se convierta en un baño de sangre. ¿Quién de entre vosotros está dispuesto a cargar con esa culpa?

17.35 — Al Hayat TV está informando que Morsi ha sido puesto bajo arresto domiciliario. Otros medios desmienten esa noticia. Situación muy confusa esperando un comunicado oficial del ejército.

17.30 — Ayer murieron 18 personas durante las protestas cerca de la Universidad del Cairo. Los manifestantes pro-Morsi acusan a la polícia de no haberles protegido.

17.25 — Además de la manifestación en Tahrir contra Morsi, también hay multitudinaria concentración pro-Morsi en Rafaa, en la zona este del Cairo. Patrick Kingsley, periodista de The Guardian acaba de colgar estas imágenes en Twitter:

17.20En este enlace podéis leer un perfil sobre Sisi, el general que lidera el movimiento contra Morsi.

Egypt's Defense Minister Abdel Fattah al-Sisi is seen during a news conference in Cairo on the release of seven members of the Egyptian security forces kidnapped by Islamist militants in Sinai

Crédito de la fotografía: Maggie Fick / REUTERS

17.15 — El General Sisi, jefe del ejército, está reunido con líderes de la oposición. Los Hermanos Musulmanes han rechazado la invitación a la reunión. Así lo anunciaba en Twitter el portavoz del partido de Morsi:

17.10 — A pesar de las informaciones que aseguraban que el ejército había tomado la televisión pública, Al Jazeera confirma que sigue custodiada por la Guardia Republicana, fiel al presidente.

17.05 — Morsi se mantiene firme. En el instante en el que expira el ultimatum del ejército, el presidente ha hecho público un comunicado acusando a la oposición de planear un golpe de estado contra los resultados electorales.

17.00 — A esta hora expira el ultimatum dado por el ejército a Morsi.

16.55En este enlace podéis ver imágenes en directo desde la plaza de Tahrir

16.50 — Dentro de 10 minutos expira el ultimatum del ejército al gobierno.

16.40 — La plaza de Tahrir está repleta de manifestastes que piden la dimisión de Morsi:


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De Cambridge a Tahrir Square y vuelta

[Segunda entrega de la serie sobre la Revolución Egipcia. He cambiado los nombres de Sam y Juci.]

Aterrizé en El Cairo la tarde del 17 de Febrero, seis días después de la dimisión de Mubarak. Después de soportar 30 años de dictadura, los egipcios podrían haber aguantado unos días más y esperar a que yo llegase. Elemental cortesía de anfitrión.

Al final de cada avenida, dos tanques Abrams cerraban el tráfico, pero las terrazas estaban llenas de jóvenes fumando y bebiendo té. Los escaparates del Zara atraían más atención que la desmesurada parafenalia militar. Lo cotidiano se imponía sin reparos.

Algunos transeúntes se detenían para abrazar a los estudiantes que limpiaban las aceras. “He sido egipcio durante 24 años. Pero esta es la primera vez que me siento orgulloso de serlo. Ahora, estas calles nos pertenecen, y me siento responsable de ellas”. Por siglos, esta ciudad había sido propiedad de turcos, franceses, británicos, y tres dictadores militares.

Llegué frente al hotel, pero todas las luces estaban apagadas. Golpeé la puerta varias veces. Al abrirse, alguien se abalanzó en un abrazo. “¡Bienvenido! ¡Usted es nuestro primer huésped en tres semanas!” Mohammed, el dueño del hotel, me instaló en la mejor habitación aunque yo había reservado la más barata. “Sin ningún recargo, señor”.

El viernes 18 había sido bautizado como el “Día de la Victoria”. La jornada para celebrar el éxito de la revolución. Las veinte mil mezquitas del Cairo habían convocado un rezo común en Tahrir Square en recuerdo de quienes murieron durante el levantamiento. Me duché y baje a la terraza del hotel. Alguien más estaba desayunando.

Samuel había pasado la noche en un taxi, cruzando el Sinaí desde Tel Aviv. Venía a entrevistar a las familias judías que aún quedan en El Cairo. Hasta la guerra del 48, esta ciudad, como las otras metrópolis árabes, de Casablanca a Baghdad, había sido hogar de una vibrante comunidad hebrea. Hoy, apenas tres sinagogas siguen abiertas.

Hablamos de la celebración en Tahrir. “¿Vamos juntos?”, me preguntó. No resultaba demasiado atractiva la posibilidad de que me asociasen con un tal Samuel Cohen y sus dos videocámaras. “Sólo te falta la kippa, cabrón, para completar el pack”.

Pero yo también estaba solo.

Bajamos Kasr Al Nile, la avenida que llevaba de nuestro hotel a Tahrir Square. En los check points, Sam sólo mostraba su pasaporte americano. Cruzamos los dos primeros sin ningún problema. En el último, un soldado se puso nervioso: “¡America! ¡America! ¿Amigo de Israel?”  Y Sam: “Vengo de California. ¿Conoces California? ¡Allí odiamos a los judíos!”. Los soldados, que apenas tendrían veinte años, se miraron confundidos y nos dejaron pasar. Supongo que cuatro mil años de persecución te dan habilidades para sortear estas situaciones.

Cinco días después, volviendo a Tel Aviv, Sam no tendría tanta suerte y pasaría dos noches arrestado en una base militar egipcia.

Tahrir es una plaza de medidas descomunales, abierta sobre el Nilo por el flanco oeste, y rodeada de plomizos edifícios oficiales en las otras direcciones. Good Old Soviet Style. Pero esa mañana, era el escenario de la celebración más multitudinaria en la historia de Egipto.

Las miradas revelaban la intensidad de quien sabe que recordará esos momentos para siempre, la euforia de sentirse parte de una victoria colectiva. Pocas generaciones tienen el privilegio de vivir momentos tan singulares en la memoria de una nación.

Las conversaciones se repetían. “Mira de lo que somos capaces cuando trabajamos todos juntos”. “Si otros países se han desarrollado, porque nosotros no vamos a ser capaces de hacerlo?”. “Para mí ya es demasiado tarde, pero que los chicos tengan la oportunidad de una buena educación”. “Esto no tiene nada que ver con Israel ni con Irán. Lo único que queremos es un Egipto donde valga la pena vivir”. Las mismas frases en la boca del campesino, del chico que había estudiado en Europa o del taxista.

Días después, Hesham, uno de los organizadores de las protestas en la Universidad, me explicaría que El Cairo era un mosaico de colectivos que, en el mejor de los casos, se ignoraban. Por unos días, la chica con vaqueros y el imán de la mezquita, el vecino cristiano y el musulmán, habían caminado juntos, en la esperanza de levantar un futuro mejor.

Las protestas fueron un ejemplo de coraje y dignidad, pero la verdadera revolución empieza ahora. Tres semanas bastan para despachar a un dictador. Construir una nueva sociedad requiere décadas, seguramente generaciones.

Con veinte millones de habitantes, El Cairo es la ciudad más grande del mundo árabe, de África y de la esfera mediterránea. Los retos que quedan por delante son formidables. La corrupción es rampante a todos los niveles: en los hospitales, el médico decide el precio de la bolsa de sangre para una transfusión. El mercado negro representa gran parte de la economía. Sin contratos y sin impuestos, el estado se financia gracias al gas y las tasas del Canal de Suez. La religión ha vuelto a ocupar un papel desmedido en la vida social. Hace treinta años, casi ninguna chica en el Cairo vestía hijab. Hoy es casi imposible ver a una sin él. “Me gustaría ponerme una falda, pero sería una deshonra para mi padre y mi hermano” me decía Alyaa, una estudiante de doctorado. El setenta por ciento de los matrimonios es negociado por las familias. Treinta mil niños viven en las calles del Cairo, y varios cientos de miles empiezan a trabajar antes de completar la educación primaria. Universidades que un día fueron referencia en Oriente Medio son bazares donde se puede pagar por un diploma.

Pero nada puede cambiar sin esperanza. Y el aire del mediodía en Tahrir era puro aliento de confianza y determinación.

El rezo fue un momento sobrecogedor. A mi alrededor, gente postrada en todas las direcciones, tan lejos como alcanzaba la vista: en la plaza y las avenidas, sobre el puente y las riberas del Nilo. Cientos de miles de personas en silencio. Miré a Sam, y ví sus lágrimas. Yo tampoco había sido capaz de contenerlas.

Una explosión festiva siguió al “Allah Akbar” final. Canciones, abrazos y llantos. Imposible moverse entre la multitud, solo podías dejarte arrastrar en la riada humana.

Volví al hotel al atardecer. Me sentía eufórico. Una chica pelirroja fumaba en la terraza. Cuando me acerqué, descubrí que estaba llorando. Juci había llegado ese mediodía desde Budapest. Presentaba un programa de reportajes en la televisión húngara y venía a entrevistar a las familias de quienes murieron en las protestas.

Juci también había estado esa tarde en Tahrir. Mientras filmaba, unos chicos la rodearon  y empezaron a tocarla. Alguien se percató de lo que ocurría y logró arrancarla del tumulto.

Le dije que podía ayudarla a buscar un vuelo y acompañarla al aeropuerto. Me respondió, sollozando, que se quedaba hasta terminar su reportaje.

Entre cigarrillos y tazas de té, hablamos de sus viajes. En el último año, había filmado en Gaza, Afganistán y Etiopía, había atravesado Burma sin permiso del gobierno, y entrevistado a la oposición en Irán. Aprendí también que el pasaporte húngaro es un gran activo en zonas conflicto, “porque Hungría no le importa un pimiento a nadie”.

Recordé una cita de Horacio que un amigo me había mostrado unos días antes: “Mezcla un poqutio de locura con tu prudencia: es bueno estar un poco loco en el momento adecuado.”

Aquél era el instante preciso. “Juci, a mí nunca me ha rodeado un grupo de mujeres para aprovecharse de mi cuerpo, pero, sinceramente, yo lo hubiese disfrutado”. Juci se echó las manos a la boca, y me miró a los ojos: “Alberto, no me puedo creer que hayas dicho eso”.

Y le salió una de esas carcajadas que brotan de lo más profundo. La risa frente al dolor y el miedo. La complicidad frente a la soledad y el desamparo.

Regreso al Cairo un año después

Tuve la fortuna de vivir el 18 de Febrero de 2011 en la plaza Tahrir del Cairo. Mubarak había dimitido en la tarde del día 11, así que el 18 era el primer viernes que Egipto podía celebrar sin el dictador.

En Cambridge, yo había pasado varias semanas pegado al live-streaming de Al-Jazeera, embriagado por la sensación de ser testigo de tiempos históricos. Minutos después de que Omar Suleiman anunciara la renuncia de Mubarak, las televisiones de todo el mundo nos mostraron egipcios bailando, llorando y abrazándose. Surgió entonces la cuestión inevitable: ¿Alberto, porqué no lo estás viviendo en persona?

El aeropuerto del Cairo seguía abierto, no necesitaba visado y el trabajo me permitía tomar unas semanas libres sin previo aviso. Y sobre todo, era quizás la única oportunidad que la vida me brindaba para respirar una atmósfera semejante.

Trabajar para la Universidad de Cambridge concede sorprendentes ventajas, así que, apenas unas horas después de planear el viaje, ya tenía contactos fiables en Cairo. Y allí fui. Volví a visitar Cairo el pasado diciembre, y entonces conocí también a españoles fascinantes (y a un colombiano muy despierto).

En el año que ha transcurrido desde que comenzaron las revueltas en el mundo árabe, he intentado estudiar bastantes análisis y opiniones. En los próximos posts, me gustaría exponer las ideas que encuentro más estimulantes.

Cómo ésta es la primera entrada de la serie, permitidme comenzar presentando a dos personas que conocí aquel 18 de Febrero en la plaza Tahrir. Con todos ustedes, Ahmed y Rama, -sentados sobre un M1 Abrams-.

Ellos nunca se acordarán de mí. Fuí, por un instante, el tipo raro que les sacaba a lengua mientras tomaba una foto. Un instante después, había desaparecido de sus universos. Yo, cada vez que escucho hablar de Egipto, me acuerdo de estos dos mocosos.

Ahmed y Rama también me recuerdan algo que olvido con facilidad. Cuando discutimos sobre sistemas de gobierno, modelos económicos y estructuras sociales, tendemos a olvidar que lo único importante son los Ahmeds y las Ramas. Los grandes debates políticos son apasionantes y complejos, y por eso, repletos de juicios emocionales, dogmáticos, intolerantes, irracionales, románticos y alejados de la realidad.

Lo importante no es que el mundo demuestre que nosotros teníamos la razón.

Lo importante es que las decepciones y sufrimientos de Ahmed y Rama sean los inevitables en una vida humana, y no consecuencia de la estupidez de la sociedad en que vivieron.