¿Quiénes son los buenos y los malos en la guerra de Siria?

Esta es la 5ª entrega de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Puedes leer las entradas anteriores aquí.


Javier_Manzano

Fotografía: Javier Manzano/AFP

Después de viajar a Siria este invierno y escribir sobre lo que allí encontré, he recibido insultos y amenazas de todos lados.

Algunos me acusan de “imperialista a sueldo de EEUU”. Otros de ser “un lacayo de Al-Assad y del régimen iraní”. Y para cerrar el círculo imposible, también he ganado un tercer grupo de críticos que me tilda de “cobarde equidistante entre ambos bandos”.

Me entristece mucho la simplicidad con la que se analiza el conflicto en Siria. Por eso he decidido escribir esta entrada que dividiré en 2 partes:

A) Notas para los que apoyan a Bashar Al-Assad y B) Notas para los que apoyan a “los rebeldes”.

Algunas notas para los que apoyan a Bashar Al-Assad

1) Bashar Al-Assad es un dictador. Bashar es el sucesor de su padre, Hafez, un militar que llegó al poder tras el golpe de estado de 1966 y la purga de 1970.

El 2 de febrero de 1982, los Hermanos Musulmanes se sublevaron contra el régimen de Hafez Al Assad en Hama. Hafez bombardeó la ciudad durante 27 días consecutivos. Murieron alrededor de 20.000 personas, la mayoría civiles. Hafez Al Assad consiguió mantener el poder que después cedió a su hijo Bashar a través de un “referéndum” en el que no había otro candidato y “ganó” con el 97% de los votos.

2) Mucho antes del comienzo de la guerra, las organizaciones internacionales de Derechos Humanos ya denunciaban los terribles abusos de Bashar Al Assad. Por ejemplo, la detención de centenas de opositores políticos y la situación de los 17.000 desaparecidos desde los años 70 de los que nunca se ha sabido más. Aquí podéis leer los informes de Amnistía Internacional sobre Siria en 2007 y 2008 (varios años antes de que estallara el conflicto).

3) Desde que el inicio del conflicto armado en marzo de 2011, las tropas de Bashar Al-Assad han cometido numerosos crímenes contra su propia población:

  • Uso de bombas de racimo. El ejército sirio ha utilizado bombas de racimo RBK-250/275 y RBK-500 en Tamanea, Taftanaz, al-Tah, Maarat al-Numan, Tel Rifaat, Deir al-Assafeer, Salkeen, Kfar Takharim, Talbiseh, Rastan, Qusayr, al-Bab.
  • Bombardeos de hospitales: por ejemplo el Hospital Dar al Shifa de Alepo el 21 de noviembre de 2012 o el Hospital de Salma el 15 de octubre de 2012.
  • Bombardeos aéreos sobre civiles. Durante el tiempo que yo estuve en Alepo, los bombardeos aéreos sobre barrios civiles eran una aterradora rutina cotidiana. Os recomiendo leer este informe de Human Rights Watch donde se estudia con detalle una treintena de ataques aéreos a zonas civiles.
  • Torturas y ejecuciones extrajudiciales. Desde el comienzo de las protestas, miles de opositores han sido detenidos, torturados y ejecutados en una red de centros de detención controlada por las 4 agencias de inteligencia del gobierno sirio: el Departamento de Inteligencia Militar, el Directorado de Seguridad Política, el Directorado General de Inteligencia y el Directorado de Inteligencia de las Fuerzas Aéreas.
  • Asesinatos y secuestros de periodistas. Decenas de periodistas han muerto en Siria a manos de las tropas gubernamentales. Algunos eran famosos corresponsales de guerra extranjeros (Marie Colvin, Mika Yamamoto, Remi Ochlik, Yves Debay), pero la mayoría eran periodistas sirios. Otros muchos siguen secuestrados. Nosotros llevamos 165 días sin saber nada de nuestro amigo James.
  • Lanzamiento de misiles balísticos contra ciudades. Al Assad ha lanzado misiles SCUD sobre sus propias ciudades. Para haceros una idea del tamaño de un SCUD, mirad esta fotografía. En la noche del 18 de febrero de 2013, un SCUD cayó sobre el barrio residencial de Jabal Badro en Alepo. Murieron al menos 47 personas, de las cuales 23 eran niños. Para haceros una idea de la destrucción causada por un SCUD, mirad esta otra fotografía tomada a la mañana siguiente.

 B) Algunas notas para los que apoyan a “los rebeldes”

1) El término “los rebeldes” no tiene ningún sentido. La oposición armada al régimen de Bashar Al Assad está formada por grupos muy diferentes y con objetivos muy distintos:

2) Aunque no poseen la capacidad militar de Al Assad (no tienen aviones, ni tanques, ni misiles balísticos), la oposición también ha cometido numerosas atrocidades durante la guerra:

3) La Revolución Siria fue iniciada por activistas que reclamaban democracia, libertad de expresión y respeto a los Derechos Humanos. Desgraciadamente, los islamistas radicales han ido tomando cada vez una posición más prominente en la lucha contra Al-Assad.

Los grupos yihadistas están siendo los más efectivos en los combates: tienen guerrilleros con más experiencia (algunos han luchado en Libia y en Irak), están mejor organizados y, literalmente, no temen morir.

Desde que volví de Alepo he hablado con algunos sirios que apoyaron la revolución al principio pero que ahora están muy asustados por la deriva islamista.

4) Si Al-Assad termina cayendo, existen serias posibilidades de que se inicie una guerra civil entre los vencedores. Además, ¿qué ocurrirá con la minoría alawita (a la que pertence Al-Assad)? Después de 100.000 muertos, ¿cómo evitar las vendettas y revanchas?

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En Siria encontré a las personas más valientes que he conocido: jóvenes dispuestos a jugarse la vida por nosotros, madres que se empeñaban en invitarnos a comer cuando apenas tenían para ellas. Algunos ya no están. Otros siguen vivos, pero sufren de frío, hambre y lloran a quienes han perdido.

Por eso me entristece tanto que las reacciones a las noticias sobre Siria (leed los comentarios en cualquier periódico español) acaben siempre en insultos y estúpidas ideas preconcebidas.

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Nota.- Esta es la 5ª entrega de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Puedes leer las entradas anteriores aquí. Si te gusta este blog, también puedes seguirnos en nuestra página de Facebook:

Sonidos de la noche en una ciudad en guerra (AUDIO)

Noche en Alepo (Crédito de la fotografía: Alberto Sicilia)

Noche en Alepo (Crédito de la fotografía: Alberto Sicilia)

Es de noche. Estás tumbado en la cama y todo retumba a tu alrededor por las explosiones de los morteros y la artillería.

Quieres cerrar los ojos, pero tardas unos segundos en hacerlo. Justo el tiempo en el que te preguntas qué verás a tu alrededor la próxima vez que los abras. Y entonces algo vence al miedo: el visceral deseo de que si una bomba cae sobre tu casa, la explosión no te despierte.

El audio que tenéis debajo lo grabé desde la ventana de nuestra habitación una noche cualquiera. Quiero pediros algo: ponéos unos cascos, subid el volumen y cerrad los ojos.

Así es cada noche en Alepo, desde hace meses, para decenas de miles de civiles.

Nota.- Esta es la cuarta entrega de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Puedes leer las dos primeras aquí. También puedes seguirnos en nuestra página de Facebook:

Un colegio clandestino junto al frente de combate

Escuela clandestina en la Ciudad Vieja de Alepo (Fotografía: Alberto Sicilia)

Escuela clandestina en la Ciudad Vieja de Alepo (Fotografía: Alberto Sicilia)

- ¡Hazme una foto a mí solo!

- ¡No, a él, no!, ¡la foto a mí!

Mustafa y Ahmed se abalanzan a empujones sobre el desconocido que acaba de entrar en clase. El resto de sus compañeros estalla de risa tras los pupitres.

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El frente que divide la Ciudad Vieja de Alepo es uno de los más violentos de la guerra civil siria. Francotiradores de ambos bandos se esconden en las azoteas que dominan estas diminutas callejuelas.

A un centenar de metros, un elegante palacete de la época otomana sirve de escuela improvisada para los niños del barrio.

Desde el patio central, ocultas bajo un arco de medio punto, nacen las escaleras que nos conducen hacia el segundo piso. Allí encontramos la clase que dirige Abu Ahmad, un joven de 22 años que estudiaba Ciencias Químicas hasta que la guerra estalló en Alepo.

Junto a dos amigos, Abu Ahmad abrió esta escuela para los chicos de su barrio: “Los colegios oficiales ya no funcionan por culpa de la guerra. Muchos de estos niños han perdido familiares y han visto gente muerta. No podemos dejar que se queden en casa sin interaccionar ni aprender con otros críos”.

“Los traemos a este edificio porque sus muros son lo bastante gruesos para protegernos de los morteros y la artillería.”

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Las escuelas públicas de la zona rebelde de Alepo son amasijos de escombros. Los rebeldes utilizaron algunos de esos edificios como cuarteles para sus soldados y el regimen los bombardeó con la aviación.

En todos los barrios de la ciudad, grupos de jóvenes universitarios han comenzado a organizar escuelas clandestinas para los más pequeños. Ninguno cobra un salario por esta tarea. “Bastante recompensa es ver reír a estos niños entre tanto sufrimiento cotidiano”.

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Cuando Abu Ahmad anuncia el recreo, Mustafa y Ahmed son los primeros en saltar de sus pupitres y lanzarse escaleras abajo, voceando su alegría con los brazos en alto.

Segundos después, en el patio diminuto ya se juegan tres partidos de fútbol simultáneos. Bueno, en realidad lo que hay son tres balones y cada jugador cambia de partido y equipo a conveniencia: lo único que importa es patear el balón que pase más cerca.

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Para mí nada ilustra mejor lo que deberán afrontar estos pequeños como la mezcla de sonidos en aquel patio: por un lado, el zumbido constante de francotiradores y artillería en uno de los lugares más sangrientos del planeta. Por el otro, el jolgorio, los gritos y las risas del recreo más cotidiano.

¿Cómo crecer sobre una intersección imposible?

Nota: esta es la cuarta entrega de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Puedes leer las tres primeras aquí.

El pastelero que se convirtió en francotirador


Crédito de la fotografía: Alberto Sicilia

Crédito de la fotografía: Alberto Sicilia

Sus manos, ágiles y precisas, han determinado sus ocupaciones. Antes de la guerra, Mohammad era pastelero. Hoy es francotirador.

Escondido tras un boquete, acaba de encontrar un enemigo por su mira telescópica. Mohammad estira despacio su brazo izquierdo para empuñar con firmeza la parte anterior del rifle. Abre levemente la boca y realiza tres expiraciones. El índice de su mano derecha se posa sobre el gatillo.

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La guerra en una zona urbana es el reino de los francotiradores. Agazapados tras diminutos agujeros en la pared de cualquier edificio, son imposibles de detectar hasta que disparan. Y entonces, ya es demasiado tarde.

El mayor logro de un francotirador no es matar a su víctima, sino dejarla malherida en mitad de la calle. Antes o después, alguien tratará de ayudarla y se convertirá en un sencillo trofeo adicional. En un descampado del barrio de Izzah yace desde hace semanas el cuerpo sin vida de una niña. A su lado reposa el cadáver del hombre que intentó rescatarla.

En Alepo, las avenidas se cruzan de uno en uno y al sprint.

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Dicen que entre todos los combatientes de cualquier guerra, los francotiradores gozan de un macabro privilegio: poder contemplar con detalle los últimos instantes en la vida de sus víctimas.

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Mohammad aprieta el gatillo y al estruendo del disparo en la habitación le sigue el sonido metálico del casquillo que rebota en la pared. Con el mismo gesto helado, retira el rifle del agujero, se da la vuelta y nos mira: “Cuando acabe esta maldita guerra, volveré a hacer pasteles”.


Nota: Esta es la segunda entrada de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Puedes leer la primera aquí.

Retazos de Alepo en guerra


(Nota: esta es la primera entrada de la serie “Retazos de Alepo en guerra”. Iré colocando los enlances a todos estos textos en esta otra página. Allí también podréis encontrar un mapa de la batalla de Alepo, algunas fotografías y las referencias al trabajo de otros compañeros que han pasado por Alepo.)

Ahmed, uno de los miles de civiles que todavía residen en la Ciudad Vieja de Alepo. (Fotografía: Alberto Sicilia)

Ahmed, uno de los miles de civiles que todavía residen en la Ciudad Vieja de Alepo. (Fotografía: Alberto Sicilia)

Bajo el crujido intermitente de los disparos en la Ciudad Vieja, aparecen los ojos de Ahmed.

Mohammed, su padre, le pide que nos salude. Pero Ahmed permanece en silencio, sonriendo y con su mirada clavada en nuestros ojos.

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La Ciudad Vieja, en el corazón de Alepo, es un laberinto de callejuelas diminutas, mezquitas y portalones que esconden patios fabulosos. Este rincón del mundo ha sido habitado sin interrupción durante los últimos 5.000 años. A su alrededor se levanta una enorme ciudad de autovías y monótonos bloques de hormigón.

Alepo floreció como uno de los nodos comerciales de la Ruta de la Seda, el punto intermedio entre Mesopotamia y el Mediterráneo. Su zoco medieval, el mercado cubierto más grande del mundo, ha sido durante siglos un lugar de encuentro saturado por el bullicio de vendedores y paseantes.

Hoy Alepo es una ciudad partida a la mitad por una línea de combate que la divide de noreste a sudoeste.

El aire ha perdido su delicioso aroma de especias y se ha convertido en un áspero hedor a viviendas calcinadas. La Ciudad Vieja es un desierto de silencio sólo rasgadado por los disparos de francotiradores durante el día y los zambombazos de la artillería cuando cae la noche.

La tiendecita que regenta Mohammed es una de las pocas que todavía quedan abiertas en el barrio. Muchos de los residentes en la Ciudad Vieja huyeron al comenzar los combates. Otros, como Mohammed, no pueden permitírselo. “¿De dónde saco el dinero para pagar el viaje a mi familia?”

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Aunque la capital está en Damasco, Alepo es la ciudad más poblada de Siria y, junto a su región, representa el 60% de la economía del país. El régimen de Al Assad sabe que si quiere sobrevivir no puede permitirse perder esta ciudad. Aquí está empleando las unidades más poderosas de su ejército. Los bombardéos aéreos con cazas MiG son una macabra rutina diaria desde hace meses. Para los rebeldes, la victoria también requiere el control de Alepo y a sus calles han llegado unidades desde todos los rincones del país.

En Alepo se luchará hasta la última gota de sangre. Y como ocurrió en Berlín, Stalingrado o Sarajevo, la guerra en una zona urbana se ha convertido en una carnicería de civiles.

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Ahmed continúa sonriéndo sin apartar su mirada de nuestros ojos. Ni siquiera la insistencia de su padre ha logrado romper su silencio. Pero un instante antes de que podamos despedirnos, patea su balón y desaparece persiguiéndolo por una de las infinitas callejuelas de la Ciudad Vieja.

Éste es para mí el más bello y el más triste paisaje del mundo. [...] Es aquí que el principito apareció en la tierra, y luego desapareció.

Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo [...] Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella. Si entonces se les aproxima un niño, si ríe, si tiene cabellos dorados, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces sean amables y no me dejen tan triste: escríbanme pronto para decirme que ha regresado.

(Antoine de St. Exupéry, El Principito)