Los físicos y matemáticos que hundieron Wall Street

Mauro acababa de cumplir 28 años y tenía que tomar una decisión. Nacido en una humilde familia brasileña, Mauro había completado una carrera académica estelar. Después de una brillante licenciatura de física en Rio de Janeiro, consiguió una beca para el programa de doctorado en cosmología del King’s College de Londres.

Ahora, con el título de doctor bajo el brazo, Mauro tenía que decidir su futuro: ¿continuar en el mundo académico o trabajar para el sector privado? El comienzo de la vida profesional de cualquier joven investigador es extraordinariamente exigente. A menudo, este periodo consiste en mudanzas entre países, poca estabilidad laboral y salarios muy bajos. Mauro se había casado dos años antes y su mujer acababa de dar a luz a su primer hijo, así que aceptó una oferta para trabajar en un banco de inversión de la City de Londres.

Desde los años 90, miles de investigadores en física y matemáticas han seguido la misma trayectoria que Mauro. A medida que avanzaba el proceso de globalización económica, los mercados financieros crecieron exponencialmente. Los bancos de inversión y los hedge funds necesitaban nuevos talentos para crear complejos productos financieros. ¿Qué mejor que reclutarlos desde el mundo académico donde los salarios son tan bajos? En la industria financiera, a profesionales como Mauro se les conoce como “quants”, un diminutivo para “analistas cuantitativos”.

El sueño de utilizar modelos matemáticos para predecir los mercados financieros es muy antiguo. Si gracias a herramientas analíticas podemos predecir los eclipses de Luna para los próximos 10.000 años, ¿por qué no encontrar las ecuaciones que nos permitan hacernos millonarios?

El mundo financiero creyó encontrar su santo grial en el año 1973. Dos economistas estadounidenses, Fischer Black y Myron Scholes, publicaron una ecuación que permitía estimar los precios de ciertos contratos financieros conocidos como “derivados”. En pocas décadas, el mercado de estos complejos instrumentos movería cientos de billones de dólares. Black y Scholes fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía en el año 1997.

A los inversores les gusta el riesgo, siempre y cuando puedan ponerle un precio. Los nuevos talentos matemáticos parecían capaces de cuantificar los riesgos de instrumentos financieros cada vez más complicados. Con la seguridad que proporcionaban los analistas cuantitativos, los managers de los bancos se lanzaban a crear productos aún más sofisticados.

Mauro fue asignado a un equipo que trabajaba sobre el mercado inmobiliario estadounidense. Su tarea consistía en comprar miles de hipotecas a los bancos y englobarlas en un instrumento llamado “obligación de deuda colateral”, que luego vendía por trozos a otros inversores. En el año 2000, David X. Li, un matemático que trabajaba para JP Morgan, había publicado una fórmula que permitía cuantificar los riesgos de este producto. Usando la fórmula de Li, las agencias de rating calificaron con una triple-A muchas obligaciones de deuda colateral, lo que aumentó el apetito de los inversores por estos instrumentos. Esa demanda provocó que los bancos comenzaran a dar hipotecas a personas que difícilmente podrían devolverlas.

Hasta mediados de 2007, todo el mundo parecía feliz. Los bancos de inversión anunciaban cada trimestre beneficios de miles de millones de euros y analistas cuantitativos como Mauro se embolsaban jugosos bonus.

Hoy sabemos que aquella fiesta terminó con el mayor descalabro del sistema financiero desde la Gran Depresión. Muchas bancos sólo sobrevivieron gracias a las inyecciones de dinero público.

¿Cómo pudieron las matemáticas fallar tan estrepitosamente? Las ecuaciones son construcciones precisas. El problema es que cualquier modelo matemático de la realidad reposa sobre ciertas hipótesis y simplificaciones. Por ejemplo, la fórmula de Li fue derivada utilizando los datos del mercado inmobiliario durante los últimos 20 años, un periodo de tiempo donde los precios siempre habían subido.

Cuando estalló la burbuja, esos modelos ya no reflejaban la realidad. Mauro cuenta que sólo en una de las semana de noviembre de 2008, se produjeron 7 eventos para los que sus modelos daban una probabilidad de 1 vez cada 20.000 años.

El problema no fueron las fórmulas, sino la confianza ciega que estas generaron. Como todo el mundo creía comprender los riesgos, la complejidad del sistema creció hasta volverse incontrolable.

Millones de personas en todo el mundo están sufriendo las consecuencias. Además, los miles de cerebros que absorbió el mundo financiero suponen un terrible desperdicio de talento: ¿cuántos avances científicos habríamos logrado si genios como Mauro se hubiesen dedicado a la medicina o la física?

Cómo Goldman Sachs creó una crisis alimentaria internacional

Crédito de la fotografía: Save The Children

Entre 2007 y 2008, los precios mundiales de los alimentos se dispararon. El número de personas viviendo en la extrema pobreza alcanzó los 150 millones. La ONU encargó a Oliver De Schutter una investigación sobre las causas de esta crisis alimentaria. La conclusión de su informe es estremecedora: potentes especuladores internacionales provocaron una enorme burbuja en el mercado mundial de alimentos.

En este post vamos a explorar la responsabilidad de algunas instituciones financieras en semejante catástrofe humanitaria. Veremos cómo Goldman Sachs jugó un papel central. Pero, antes de nada, necesito introducir un concepto importante: “los derivados financieros”. 

 ¿Qué son los “derivados financieros”?

 En las noticias sobre la crisis bancaria seguro que habéis escuchado el término “derivados financieros”. Pero, ¿qué es un “derivado financiero”? Vamos a verlo con un sencillo ejemplo.

 Un ejemplo de “derivado financiero”

Imaginemos a un agricultor que produce trigo y a un panadero que necesita el trigo para hacer pan.

El precio del trigo fluctúa con el tiempo. Ni el agricultor sabe por cuánto podrá vender el trigo en el futuro, ni el panadero sabe cuánto le costará comprarlo. Por ejemplo, si dentro de una año hay una gran sequía, la cosecha será escasa y el precio del trigo aumentará.

La mayor preocupación del agricultor es que el precio del trigo baje. Imaginad que compra semillas y tractores calculando que podrá vender cada tonelada de trigo por 100 euros y unos meses después, cuando termina la cosecha, en el mercado sólo le pagan 5 euros.  ¡Desastre!

Al contrario, lo que más preocupa al panadero es que el precio del trigo suba. Imaginad que invierte dinero en su panadería calculando que podrá comprar el trigo a 100 euros y unos meses después resulta que vale 200. ¡Desastre!

Como los riesgos del agricultor y del panadero son complementarios (el agricultor teme que baje el precio del trigo y el panadero teme que suba), ambos pueden protegerse firmando un contrato que diga:

“Yo (agricultor) me comprometo a venderte una tonelada de trigo por 100 euros dentro de 9 meses. Y tú (panadero) te comprometes a comprármelo.”

Este contrato es un ejemplo de derivado financiero. Un derivado es un instrumento cuyo valor depende del precio de un bien subyacente. En nuestro ejemplo, “el instrumento” es el contrato de compra-venta y el “bien subyacente” es el trigo.

Hasta aquí, los derivados financieros pueden ser muy beneficiosos para la economía: al disminuir los riesgos, panaderos y agricultores pueden invertir en sus negocios sin temer la bancarrota si un año llueve un poco más o menos de lo habitual.

Goldman Sachs y los grandes especuladores entran en escena

Sigamos con nuestro ejemplo donde teníamos panaderos y agricultores. Ahora introducimos unos participantes nuevos: los especuladores.

Al contrario que panaderos y agricultores, los especuladores ni producen trigo ni necesitan trigo. Sin embargo, en su justa medida, los especuladores benefician tanto a los panaderos como a los agricultores. Por ejemplo, imaginad que un agricultor produce 100 toneladas de trigo al año. Tendría que encontrar a muchos panaderos para vender la totalidad de su cosecha y firmar un contrato diferente con cada uno de ellos. Para el agricultor es más sencillo vender su trigo a un especulador, quién, a su vez, asume el riesgo de encontrar a los panaderos. Dicho en la jerga económica: “los especuladores proporcionan liquidez al mercado”.

La crisis alimentaria estalló cuando un “invento” de Goldman Sachs junto a un cambio legal en EEUU provocó que los grandes especuladores se convirtieran en los únicos jugadores relevantes en el mercado de alimentos.

Allá por los 90, los banqueros de Goldman Sachs se inventaron un derivado financiero sobre un índice que mezcla los precios de 24 materias primas, entre ellas, el café, el trigo, el maíz y la soja (“Goldman Sachs Commodity Index”). En 1999, la agencia norteamericana encargada de vigilar este tipo de productos financieros decidió desregularlos, permitiendo a los especuladores ciertas operaciones antes prohibidas (en particular, las llamadas “posiciones a largo”).

Goldman Sachs diseñó su derivado financiero para los inversores que buscaban “aparcar” su dinero. Los alimentos parecen la apuesta perfecta: las empresas tecnológicas pueden quebrar si la competencia inventa un producto mejor, pero la humanidad siempre necesitará comida. ¿Qué mejor lugar para invertir?

La desregulación provocó un enorme flujo de capital hacia los derivados sobre alimentos. Se calcula que entre 2000 y 2008, la inversión en estos productos financieros se multiplicó por 50. La consecuencia fue una tremenda burbuja: cuanta más demanda para derivados financieros sobre alimentos, más sube el precio futuro de los alimentos y cuanto más sube el precio futuro de los alimentos, más demanda para los derivados. La crisis financiera no ha frenado esta tendencia: los alimentos siguen siendo un “valor seguro” para los especuladores (ver esta gráfica).

Permitidme terminar con el esclarecedor testimonio ante el Senado estadounidense de Michael W. Masters, ex-manager de un hedge fund que especula en el mercado de los alimentos:

“En este mismo momento, hay cientos de miles de millones de dólares preparados para entrar en los mercados de las materias primas. Si no se toma una acción inmediata, los precios de la energía y los alimentos seguirán subiendo. Esto podría tener consecuencias catastróficas para millones de consumidores estadounidenses. Y podría significar, literalmente, la muerte por inanición de millones de personas en los países más pobres”.

Nota.- Si estáis interesados en este tema, os recomiendo: 1) El informe de Oliver de Schutter para la ONU, 2) Este artículo de Frederik Kaufman en Foreign Policy y 3) El testimonio completo de Michael W. Masters ante el senado norteamericano.

El banco malo en 3 claves

Fotografía: Agencia EFE

¿Qué es el “banco malo”?

El “banco malo” no es un banco, sino una gran agencia inmobiliaria.

Esta nueva empresa comprará las viviendas y el suelo que las entidades financieras quieren quitarse de encima.

¿Por qué los bancos quieren liberarse de viviendas y suelo?

Vamos a verlo con un ejemplo:

1) En plena burbuja, un banco presta 10 millones a una constructora para hacer un nuevo bloque de viviendas.

2) La constructora se compromete a devolver al banco los 10 millones + 2 millones de intereses.

3) Como estamos en época de bonanza, la constructora cree que venderá los pisos por 15 millones.

4) Hasta aquí, todos son felices: el banco gana 2 millones en intereses y la empresa constructora venderá por 15 millones lo que le ha costado 12.

5) Estalla la crisis.

6) La constructora no consigue vender los pisos. Incapaz de devolver el dinero al banco, se va a la quiebra.

7) El banco se queda con las viviendas.

8) Hasta aquí, el banco ha puesto 10 millones por el bloque de viviendas.

9) Si el banco sacase esas viviendas al mercado, nadie pagaría más de 5 millones por ellas. El banco decide no venderlas y así evita reconocer pérdidas.

10) Como los bancos españoles guardan miles de millones en “activos tóxicos” (en nuestro ejemplo, el bloque de viviendas) el sistema financiero español está estrangulado. Ningún banco tiene liquidez para hacer nuevos préstamos y nadie en el extranjero se fía de los bancos españoles. ¡Vaya usted a saber cuántos pufos inmobiliarios esconden en sus carteras!

11) El Gobierno crea una empresa que se llama “banco malo” donde inyecta miles de millones de dinero público.

12) El “banco malo” compra el bloque de viviendas por 8 millones. Para el banco original es un chollo: tiene que reconocer pérdidas, pero mucho menores que si vendiese las viviendas al verdadero precio de mercado.

¿De dónde sale el dinero del “banco malo”?

Del bolsillo de todos los españoles. El dinero del rescate europeo servirá para crear el banco malo, pero el rescate no es más que un préstamo que tendremos que devolver con nuestros impuestos.

En teoría, dentro de algunos años, los precios de las viviendas volverán a subir y el “banco malo” podrá recuperar el dinero. Mientras tanto, esta operación consiste en rescatar a los bancos con dinero público.

Los bancos son un negocio muy particular: cuando las cosas van bien, ganan ellos y cuando van mal, los ciudadanos ponen dinero para rescatarlos.

Los beneficios son privados. Las pérdidas son públicas.

P.D. Y quizás lo más cruel: parte del rescate a los bancos saldrá de los impuestos de familias que han sido desahuciadas.

 

¿Cómo sería la salida de España del euro? Guía paso a paso

La crisis europea está alcanzando su momento culminante. Ayer, la presidenta del FMI declaró que “contempla una hipotética salida de Grecia del euro”. Hace unos días, corrió por Internet un artículo de Paul Krugman que pronosticaba la inminente salida de Grecia y la posibilidad de que ocurriese lo mismo con España. En cuestión de meses, sino semanas, los líderes europeos se enfrentan a la decisión más importante desde la caída del muro de Berlín: ¿continuamos todos juntos en el euro?

La situación es muy compleja. Seguir en el euro parece asegurar que la crisis de la periferia se prolongará durante años. Romper el euro puede desencadenar eventos que nadie es capaz de predecir con seguridad.

En el espíritu del blog, os propongo explorar esta pregunta: en el caso de que España saliese del euro, ¿cómo sería ese proceso?

Una aclaración muy importante: no soy economista, tan sólo un ciudadano interesado por comprender lo que ocurre a mi alrededor. Os ruego añadáis en los comentarios vuestras críticas y correcciones.

1.- ¿Cómo se anunciaría la salida del euro?

El gobierno lo anunciaría de manera repentina. No hay otra opción. Si el gobierno lo anunciase “con antelación”, todo el mundo trataría de transferir su dinero a cuentas en el extranjero (porque, después de una devaluación, los euros depositados en una cuenta alemana valdrían más que los euros depositados en un banco español). Esa fuga masiva de capitales provocaría el colapso inmediato de nuestro sistema financiero.

Es triste decirlo así, pero por definición, el gobierno tendría que negar que España saldrá del euro hasta anunciarlo por sorpresa.

Con toda seguridad, el anuncio se haría un sábado por la mañana: eso daría dos días a las instituciones financieras para realizar las actualizaciones más urgentes en sus sistemas.

2.- ¿Salir del euro implica salir de la Unión Europea?

En principio, no. De hecho, sólo 17 de los 27 países de la UE comparten moneda.

En términos legales, la cosa no está tan clara. El Tratado de Lisboa contempla la posibilidad de que un país abandone la UE, pero no hay ninguna ley que regule la salida del euro (¡a ningún político se le ocurrió la posibilidad de que un país decidiese abandonar la moneda única!).

3.- ¿Es la primera vez que se rompe una unión monetaria?

No. La República Checa y Eslovaquia compartieron moneda hasta 1993. Catorce de las repúblicas que formaban la Unión Soviética crearon sus propias divisas después del colapso del rublo en 1991/2.

Existen muchos más ejemplos: durante el siglo XX, 69 países salieron de uniones monetarias.

Me parece importante recordar esto: el euro no es “un fin en sí mismo”. El euro es un instrumento que se creó con la esperanza de mejorar las economías de los países europeos y reforzar nuestro sentimiento de unidad.

4.- ¿Qué beneficios tendría para España salir del euro?

  • La posibilidad de devaluar nuestra nueva moneda con respecto al “euro alemán”. Al devaluar la moneda, nuestras exportaciones serían mucho más baratas y como la mayoría de ellas van hacia la UE, aumentaríamos nuestra competitividad frente a Francia y Alemania de manera instánea. Para los turistas extranjeros, también sería mucho más barato viajar a España. ¿Os acordáis de la crisis de los años 90? ¿Qué hicimos para recuperarnos? Devaluar la peseta frente al marco alemán dos veces en 1992, otra en 1993 y una última vez en 1995.
  • Recuperar el control sobre la política monetaria. Es decir, podríamos decidir qué niveles de inflación y tipos de interes son los más convenientes para nuestra economía. El problema de la política monetaria común es el siguiente: lo que le conviene a la economía alemana (con el desempleo en mínimos históricos) es muy diferente a lo que necesita la economía española (con el desempleo en máximos históricos).
  • La posibilidad de emitir deuda en una moneda que podamos controlar.
  • Disponer de un “cortafuegos propio” contra ataques especulativos. Hasta ahora, ante un ataque especulativo, dependemos de la voluntad del BCE.

Salir del euro también supondría muchísimas desventajas: las importaciones serían más caras, el comercio con el exterior sería más complicado (porque las empresas tendrían que preveer las fluctuaciones entre las divisas), habría que decidir qué hacemos con toda la deuda que hemos emitido en euros y se generarían tensiones entre países que, posiblemente, debilitarían la unión política de Europa.

5.- ¿Qué pasaría después de ese anuncio?

El gobierno prohibiría temporalmente la transferencia de dinero al extrajero. También limitaría la cantidad de dinero que cada persona puede sacar del banco (a esto se le llama “corralito”).

Además, la nueva moneda (vamos a llamarle “peseta”), se devaluaría con respecto al “euro alemán”. Por eso, quienes hubiesen conseguido sacar sus euros fuera de España antes del anuncio, saldrían ganando.

6.- ¿Los billetes de euro serían inmediatamente reemplazados por billetes en pesetas?

No. El Banco de España necesitaría algunos meses para imprimir billetes en pesetas y reemplazarlos por los billetes de euro que ahora están en circulación.

Mientras tanto, existe una solución temporal: poner un sello a todos los billetes guardados en los bancos de nuestro país. Así, los “euros españoles” se distinguirían de los “euros alemanes”. Los ciudadanos también estaríamos obligados a llevar los billetes “que tenemos en casa” al banco para que les pusiesen el sello.

El gobierno anunciaría una ley que diría: “los billetes no sellados, no son de curso legal en España”. Quienes pagen (o acepten pagos) en billetes sin sellar, estarán comentiendo un delito.

Una vez se imprimieran las nuevas pesetas, esos billetes se irían introduciendo poco a poco en circulación (igual que hicimos cuando pasamos de la peseta al euro).

La conversión a la nueva moneda sería mucho más sencilla que en otros precedentes históricos, pues ahora, la mayor parte del dinero guardado en los bancos sólo existe en forma electrónica.

7.- ¿Qué hacemos con la deuda que hemos emitido en euros?

Desde 1999, emitimos nuestra deuda pública en euros. Después de la devaluación, el Estado no podría pagar sus deudas a los bancos de los países que siguieran en el euro. Inevitablemente, tendría que “renegociar” la deuda y pagar menos de lo debido. Esto se conoce como “default”. Afortundamente, el 90% de la deuda pubĺica española con el extranjero se emitió bajo “legislación local”, es decir, los posibles conflictos entre deudores y acreedores, deben resolverse ante tribunales españoles.

Las empresas privadas (y especialmente los bancos) también deberían renegociar sus deudas con el extranjero.

8.- ¿Quienes serían los mayores perjudicados?

  • Los ahorradores españoles: porque los ahorros perderían gran parte de su valor debido a la devaluación.
  • Los bancos alemanes, franceses y británicos: porque perderían mucho dinero debido al “default”. Probablemente esos bancos deberían ser rescatados por sus contribuyentes (lo que generaría importantes tensiones políticas entre los países de la UE).

9.- ¿Qué tal les ha ido a otros países que hicieron “default” en su deuda y devaluaron su moneda?

Durante la crisis asiática de 1997, Indonesia, Corea del Sur y Tailandia hicieron “defaults” en sus deudas y devaluaron sus monedas. A pesar de una fuerte contracción de sus economías en los meses posteriores, recuperaron sus niveles pre-crisis en menos de dos años. Y han continuado creciendo desde entonces.

Lo mismo puede decirse de Argentina. Después de eliminar la convertibilidad con el dólar, hacer “default” y devaluar el peso, la economía argentina ha crecido más rápido que la brasileña durante la última década (sí, sí, estáis leyendo bien).

10.- ¿Creéis que España volverá a la peseta? ¿Seguiremos en el euro? ¿Cuáles son vuestras razones?

Abrimos el debate y las apuestas.

Nota legal: en este blog no aceptamos ni dólares, ni euros, ni pesetas. Nuestra única divisa de curso legal es la pinta de cerveza.

¿Para qué sirven los bancos?

En los últimos días, los periódicos y las televisiones están repletos de noticias sobre la delicada situación de los bancos españoles. Una y otra vez se repiten frases como: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y “la economía sólo se recuperará cuando el crédito vuelva a fluir”.

Os propongo que demos un pasito hacia atrás y exploremos una pregunta esencial: ¿para qué sirven los bancos?

¿Qué hace un banco?

Un banco recoge depósitos y concede préstamos.

¿Por qué los bancos son importantes para la economía?

Los bancos son importantes para la economía porque canalizan el dinero “que está parado” (los depósitos) hacia personas que lo utilizarán en alguna actividad.

Imaginemos que yo quiero fundar el mejor blog en castellano. Necesito dinero para pagar a un diseñador web, comprar anuncios en Google y contratar a siete masajistas que alivien la tensión que mi éxito genera. Para eso, pido un préstamo al banco que devolveré en 3 años.

Si mi negocio funciona, todo el mundo sale ganando. Yo, porque no hubiese podido abrir mi web sin el préstamo. Los ahorradores obtienen ciertos intereses por tener su dinero en el banco. El banco gana porque los intereses que yo pago por el préstamo son mayores que los que el banco paga a sus clientes. También ganan el resto de ciudadanos porque la web genera puestos de trabajo y nuevos impuestos.

Los bancos son “el sistema circulatorio” de una economía: canalizan los recursos inutilizados hacia nueva actividad económica. Un sistema financiero que funcione bien es esencial para una economía próspera.

Entonces, ¿los bancos son siempre buenos para la sociedad?

No. Un sistema financiero que funcione mal puede destrozar una economía.

Nuestra crisis es un buen ejemplo del daño que pueden hacer los bancos mal gestionados. La burbuja inmobiliaria se produjo porque los bancos concedieron hipotecas a mansalva. Como era tan fácil conseguir una hipoteca, los precios de la vivienda se dispararon.

Los bancos españoles obtenían gran parte de ese dinero a través de bancos alemanes. Los ahorros en Alemania se canalizaban hacia préstamos en España.

Ahora los alemanes nos dicen que “hemos vivimos por encima de nuestras posibilidades”. Esta frase me repele porque contiene un aire moralista bastante bobo. Permitidme reformularla así: “algunas empresas y familias españolas se endeudaron demasiado”. Pero también podemos preguntarnos por el otro lado de la ecuación: empresas y familias se endeudaron porque había bancos que les prestaron ese dinero.

Si debemos repartir la culpabilidad entre bancos y familias, los bancos deberían llevarse la mayor parte: ellos poseen muchísima más información que las familias. Además, el trabajo de un banco consiste, precisamente, en valorar si un préstamo es sostenible o no.

Aún más terrible: mucha gente está pagando un enorme precio humano por errores que no cometieron. Muchas de las personas que han perdido su empleo ni habían pedido créditos ni habían especulado con la burbuja inmobiliaria.

¿Debemos rescatar a los bancos?

Resulta sangrante que el Estado inyecte miles de millones en bancos privados (y responsables de la crisis) mientras se recorta en sanidad y educación.

Además, rescatar a los bancos genera profundos dilemas morales. Primero: ¿porqué se rescata a los bancos mientras el resto de empresas desaparecen cuando su negocio fracasa? Segundo: si los bancos saben que el Estado siempre va a rescatarlos, ¿qué incentivo tienen para hacer bien su trabajo? ¡Menudo chollo ser banquero! Cuando el negocio funciona, gano mucho dinero y cuando el negocio va mal, ¡los ciudadanos me pagan el sueldo!

Casi todos los economistas, desde los más “liberales” a los más “progresistas” (e.g. Paul Krugman) opinan que, a pesar de todo, es necesario rescatar a los bancos.

Para comprender este juicio, exploremos la pregunta complementaria: ¿qué ocurre si no rescatamos a los bancos? En primer lugar, muchas familias perderían parte de sus ahorros. Y si el sistema financiero colapsa por completo, casi todas las empresas se irían a la bancarrota en cuestión de semanas.

Estos días se habla mucho de Islandia. Ellos decidieron no rescatar a sus bancos y les ha ido muy bien. El problema es que la situación en Islandia es dificilmente comparable con la nuestra. Islandia es un país muy pequeño (300.000 habitantes) que tenía bancos monstruosos: la mayor parte del dinero que había en esos bancos no pertenecía a ciudadanos islandeses. El marrón se lo acabaron comiendo los fondos de pensiones británicos y holandeses.

Yo creo que la cuestión relevante es esta: ¿qué debemos pedir a los bancos a cambio de un rescate? Para empezar, no podemos permitir que los antiguos gestores se retiren con pensiones millonarias. Segundo, mientras haya dinero público, los bancos deberían priorizar la salud de nuestra economía sobre los intereses de sus accionistas. También deberíamos aprender algo de Islandia: exigir responsabilidades penales a quienes han destrozado las vidas de millones de familias.

Y si usted lee esto, señor Botín: ¿qué hay de mi crédito para contratar masajistas? Bueno, va, como soy un chico aventurero, me conformo con una prima de riesgo.