La proposición de matrimonio más divertida y emocionante jamás realizada

Mirad este video. En tiempos como los que vivimos, este tipo de cosas me devuelven la esperanza en el ser humano.

Yo sólo le pongo una pega: el amigo Isaac ha dejado el listón demasiado alto. ¿Qué vamos a hacer ahora el resto de los mortales cuando nos toque?

Por cierto, ¿alguno de los lectores de este blog se atreve a contarnos cómo fue su pedida de mano?

Morir en un abrazo

Fotografía: Dominic Bracco.

Observad esta fotografía con atención.

Es de noche en Ciudad Juárez. Dos jóvenes se abrazan en un coche. Ella está embarazada y va a dar a luz en unas pocas semanas.

Están muertos.

El asesino disparó desde el costado izquierdo del coche. Una sola bala atravesó sus cabezas.

¿El sicario aprovechó la distracción para cometer el crimen? ¿O se abrazaron al saber que su final había llegado?

La vida de cualquier ser humano contiene dos certezas: que estamos vivos y que vamos a morir. Ojalá tarde mucho en alcanzarnos, pero la bala que terminará con nuestras vidas ya ha sido disparada.

Los abrazos y caricias que gocemos mientras tanto es lo único que importa.

Corazones helados y tórridos encuentros

“Una ola de frío siberiano recorre Europa”. Marx y Engels deberían asomar de sus tumbas para decapitar a todos los periodistas que fusilan el comienzo del Manifiesto Comunista para titular crónicas atiborradas de trivialidades vacías.

Me gotea saber que el señor Manuel rasca el hielo del parabrisas de su coche y que la abuela Paca lleva a los nietos a jugar con la nieve. Estoy aburrido de poesía chabacana sobre La Concha y el mar cubiertos por un blanco manto.

Propongo un titular alternativo: “Una ola de morralla insustancial recorre la prensa europea”.

El temporal de esta semana debería haber servido para discutir en profundidad una herida que lacera nuestras sociedades: la situación de las personas sin hogar. En Europa occidental ya no se muere de hambre. Pero cada invierno, muchas personas perecen de frío en nuestras ciudades.

Creo que una forma de evaluar la decencia de una sociedad es estudiar cómo esa sociedad cuida de sus individuos más desfavorecidos. Nuestras sociedades tienen aún mucho que progresar.

El hambre, la enfermedad y la guerra forman el conjunto habitual de los enemigos de la vida. Se nos olvida, a menudo, añadir un elemento esencial: el frío.

La mayoría de nosotros vivimos en un lugar y un tiempo donde el frío es una experiencia anecdótica. Pero, desde la perspectiva de los cincuenta mil años de historia humana, la lucha contra el frío es una pieza básica para comprender a nuestra especie. Quienes nunca hemos tenido problema con el frío somos una insignificante proporción de las decenas de millones de hombres y mujeres que han existido.

La invención del fuego fue esencial no sólo para que el solomillo de mamut quedase más sabroso, sino, sobre todo, porque permitió que los hombres se acostasen cada noche sin temer no volver a despertar.

Comparado con el hambre y la sed, el frío es una experiencia más intensa, violenta y dolorosa. Podemos aguantar algunas semanas sin comer y varios días sin beber. Tratad de soportar una noche sin abrigo en un parque de Madrid.

Frío y calor son fuerzas tan primordiales que sus reflejos se han filtrado a la más humana de las creaciones: el lenguaje.

Nuestros sueños se rompen bajo jarros de agua fría. Sufrimos de recibimientos gélidos, ambientes frígidos, miradas glaciales y corazones helados.

Nos regocijamos en ardientes deseos, torridos encuentros y cálidos abrazos.

Mostafa, un colega iraní asesinado por terroristas.

A las 8 de la mañana del miércoles, en plena hora punta de Teherán, Mostafa Roshan se dirigía a su trabajo, cuando un motorista adherió una bomba magnética a su coche. En la explosión fallecieron Mostafa, de 32 años, y su guardaespaldas. Mostafa era profesor universitario y supervisor en la planta de enriquecimiento nuclear de Natanz. Cuatro científicos iraníes han muerto en circunstancias similares desde enero de 2010.

Nadie se ha declarado responsable del asesinato. El régimen iraní tiene numerosos -y dispares- enemigos: la juventud urbana (cuya revuelta aplastó tras las elecciones presidenciales), los gobiernos suníes del Golfo (en particular Arabia Saudí) y grupos en el exilio como los Mujahedin Populares de Irán. Pero dada la sofisticación del ataque, el perfíl de la víctima y la semejanza a operaciones previas, la mayoría de expertos señalan al Mossad israelí. (TimeDer Spiegel, Foreign Policy, The Guardian, Le FigaroEli Lake, Dan Ephron).

El programa nuclear iraní genera preguntas importantes. ¿Busca Irán construir armas nucleares? ¿Tiene la capacidad de lograrlo? ¿Cuales serían las consecuencias para la región? El asesinato de científicos, ¿es efectivo para detener un programa nuclear? ¿Y moral? ¿Son preferibles estas medidas a embargos y sanciones económicas? Los físicos asesinados, ¿trabajaban en el desarrollo nuclear por voluntad propia o forzados por el régimen?

Estas cuestiones son muy interesantes, pero absolutamente irrelevantes para mi denuncia: la violación de la consistencia moral y del rigor linguístico por parte de gobiernos y medios de comunicación. Lo de “rigor linguistico” puede parecer una frivolidad, pero es imposible pensar con claridad sin un lenguaje preciso.

Hillary Clinton condenaba la muerte de Mostafa como “acto de violencia” y el Foreing Office británico se refería al “asesinato de civiles”. (No he encontrado ningún comunicado oficial de la UE ni del Ministerio de Asuntos Exteriores).

Yo creo que hay una manera más rigurosa de expresarse: El asesinato de Mostafá es un acto de terrorismo internacional.

El Departamento de Estado americano define así “terrorismo internacional”:

El término “terrorismo internacional” significa terrorismo que involucra a ciudadanos o territorios de más de un país;
el término “terrorismo” significa violencia premeditada, politicamente motivada, y perpetrada contra no-combatientes por parte de grupos subnacionales o agentes clandestinos,
[...]
El término “no-combatiente” se interpreta como -además de civiles- personal militar (armado, no armado o en servicio)
que no esté desplegado en una zona de guerra o similar.

[La traducción y la negrita son mías, el original en la web del Departamento de Estado.]

Ni el NYT, ni Le Monde, ni Haaretz -tres periódicos que admiro- utilizan la palabra “terrorismo” para describir el asesinato de Mostafá. Le Monde dice “atentado”, pero se guarda de acompañarlo con su adjetivo natural, el NYT habla de “ataque” y Haaretz de “muerte misteriosa”. Imaginemos que, en un intervalo de dos años, cuatro cientifícos fuesen asesinados en Nueva York, Paris o Tel Aviv. ¿Se utilizaría el mismo lenguaje?

Me aborrece el relativismo: la teocracia iraní representa todo lo contrario a mis convicciones políticas. Me siento mucho más cercano del gobierno americano o británico que de los Ayatolás & Co. Pero semejante hipocresía nacionalista, provoca naúseas:

Todo nacionalista posee la curiosa capacidad de no ver parecidos entre hechos similares. Un Tory británico defenderá la autodeterminación en Europa y se opondrá a la autodeterminación en la India sin percibir ninguna inconsistencia. Las acciones se juzgan, buenas o malas, no por sus propios méritos, sino por quién las realiza. No hay ningún tipo de barbaridad -tortura, uso de rehenes, trabajos forzados, deportaciones masivas, prisión sin juicio, falsedades, asesinatos, bombardeo de civiles- que no pueda justificarse cuando son cometida por “los nuestros”.

["Notas sobre el nacionalismo", George Orwell, 1945]

Regreso al Cairo un año después

Tuve la fortuna de vivir el 18 de Febrero de 2011 en la plaza Tahrir del Cairo. Mubarak había dimitido en la tarde del día 11, así que el 18 era el primer viernes que Egipto podía celebrar sin el dictador.

En Cambridge, yo había pasado varias semanas pegado al live-streaming de Al-Jazeera, embriagado por la sensación de ser testigo de tiempos históricos. Minutos después de que Omar Suleiman anunciara la renuncia de Mubarak, las televisiones de todo el mundo nos mostraron egipcios bailando, llorando y abrazándose. Surgió entonces la cuestión inevitable: ¿Alberto, porqué no lo estás viviendo en persona?

El aeropuerto del Cairo seguía abierto, no necesitaba visado y el trabajo me permitía tomar unas semanas libres sin previo aviso. Y sobre todo, era quizás la única oportunidad que la vida me brindaba para respirar una atmósfera semejante.

Trabajar para la Universidad de Cambridge concede sorprendentes ventajas, así que, apenas unas horas después de planear el viaje, ya tenía contactos fiables en Cairo. Y allí fui. Volví a visitar Cairo el pasado diciembre, y entonces conocí también a españoles fascinantes (y a un colombiano muy despierto).

En el año que ha transcurrido desde que comenzaron las revueltas en el mundo árabe, he intentado estudiar bastantes análisis y opiniones. En los próximos posts, me gustaría exponer las ideas que encuentro más estimulantes.

Cómo ésta es la primera entrada de la serie, permitidme comenzar presentando a dos personas que conocí aquel 18 de Febrero en la plaza Tahrir. Con todos ustedes, Ahmed y Rama, -sentados sobre un M1 Abrams-.

Ellos nunca se acordarán de mí. Fuí, por un instante, el tipo raro que les sacaba a lengua mientras tomaba una foto. Un instante después, había desaparecido de sus universos. Yo, cada vez que escucho hablar de Egipto, me acuerdo de estos dos mocosos.

Ahmed y Rama también me recuerdan algo que olvido con facilidad. Cuando discutimos sobre sistemas de gobierno, modelos económicos y estructuras sociales, tendemos a olvidar que lo único importante son los Ahmeds y las Ramas. Los grandes debates políticos son apasionantes y complejos, y por eso, repletos de juicios emocionales, dogmáticos, intolerantes, irracionales, románticos y alejados de la realidad.

Lo importante no es que el mundo demuestre que nosotros teníamos la razón.

Lo importante es que las decepciones y sufrimientos de Ahmed y Rama sean los inevitables en una vida humana, y no consecuencia de la estupidez de la sociedad en que vivieron.

Humor, inteligencia y ternura: Kurt Vonnegut, MM

Les ruego se levanten para recibir a Kurt Vonnegut, que será ordenado primer Marsupial Máximo en esta ceremonia.

Vonnegut es uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX, un maestro de la sátira y el humor negro. Pero, para ser proclamado ¡primer! Marsupial Máximo, todo esto no es suficiente. Ni es el sólo gran autor americano, ni el único maestro del humor.

Lo que hace a Vonnegut merecedor de nuestro primer MM es su capacidad para trenzar los tres elementos más valiosos de la condición humana: el humor, la inteligencia y la ternura. Tres cualidades y sus tres reflejos en la realidad: la risa, las ideas y las caricias. Los textos de Vonnegut son pañuelos tejidos con esos tres hilos, pañuelos para las lágrimas que acompañan las carcajadas y para las que viajan con la emoción.

Humor, inteligencia y ternura, son asuntos difíciles de combinar. El humor, incluso el mejor humor, suele apoyarse en lo anecdótico y huir de los territorios más sensibles y dolorosos. Lo tierno suele resultar poco sutil -de alguna manera, es inevitable ¿acaso hay algo menos sutil que el amor incondicional, cima de la ternura?- Lo inteligente, en su obligada búsqueda de la verdad, suele devolver enunciados frígidos y solemnes.

Vonnegut es a la literatura lo que Chaplin al cine. Payaso, crítico social y político, explorador de la naturaleza humana.

La mejor manera de conocer a Vonnegut es, por supuesto, leer sus libros. Pero como es domingo por la tarde, y las librerías no abren hasta mañana, os copio algunos pasajes que tengo subrayados. Siento no incluir las líneas más divertidas, pero soy incapaz de traducirlas sin provocar una hemorragia de ingenio. Varias lectoras de este blog son especialistas en filogía inglesa. La próxima vez, haré uso de vuestros servicios. Vuestros servicios profesionales, quiero decir. Me refiero a vuestros servicios linguísticos, claro está. Vaya, esto suena algo confuso, ¿no?

Con todos ustedes, Kurt Vonnegut, MM.

El secreto de la felicidad,

Quiero hablarles de mi tío Alex, que era el hermano de mi padre. [...] Su principal queja sobre otros seres humanos era que no se dan cuenta de los momentos en los que eran felices. Cuando éramos niños y en verano bebíamos limonada bajo un manzano, el tío Alex interrumpía la conversación para decir, “Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?”. Lo mismo hago yo ahora, y mis hijos y  nietos. Y les solicito a ustedes que por favor se den cuenta cuando son felices, y exclamen o murmuren o piensen “Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?”.

En una entrevista, poco antes de morir,

Más de una vez me pregunté cuál es mi hogar. He llegado a la conclusión de que mi hogar es Indianápolis cuando tenía nueve años. Tenía un hermano, una hermana, un gato, un perro, una madre, un padre, tíos y tías. Y no hay manera de volver.

Su análisis de la sociedad contemporánea,

Demasiadas personas necesitan recibir el siguiente mensaje: “Siento y pienso igual que tú, me preocupan las mismas cosas que a tí. No estás solo”.

Una virtud que Vonnegut echaba en falta,

Desearía que quienes se supone se quieren, dijesen cuando se pelean: “Por favor, un poquito menos de amor, y un poquito más de decencia”.

La risa como arma de resistencia,

El humor puede ser muy noble. La risa es tan honorable como las lágrimas. Risas y lágrimas son, ambas, respuestas ante la frustración y el cansancio, a la futilidad de pensar y de seguir luchando. Personalmente, prefiero la risa, porque deja menos que limpiar y así puedo volver a pensar y a seguir luchando más rapidamente.

El nacionalismo, una creación de la estupidez humana,

- Odias América, ¿verdad?, me preguntó.
- Eso sería tan estúpido como amarla, dije. Quizás es un defecto en mi personalidad, pero no puedo pensar en términos de fronteras. Esas líneas imaginarias son tan irreales como las hadas y los duendes. No creo que puedan marcar el límite de nada importante para el alma humana. Vicio y virtud, placer y dolor ponen sus fronteras donde les apetece.

El amor, única patria real,

Sólo contaba una cosa: el territorio soberano de nuestra nación de dos. Y cuando esta nación dejó de existir, me convertí en lo que hoy soy, un apátrida.

El Humanismo,

No soy Cristiano, ni Judío ni Budista. Soy Humanista, lo que significa que trato de vivir con decencia, sin esperar ninguna recomenpensa ni castigo cuando muera. Mis ancestros alemanes se llamaban “Librepensadores”, que viene a ser lo mismo. Mi tatarabuelo, Clemens Vonnegut escribió: “Si lo que dijo Jesus está bien, ¿qué más da que fuese, o no, hijo de Dios?”.

La religión, la barbarie y el poder,

El mensaje más importante de cualquier crucifijo es, en mi opinión, cuán absolutamente crueles pueden ser los seres humanos cuando son guiados por una autoridad superior.

Los soldados, los civiles y el miedo,

Cuando era un joven recluta en España, solía preguntarme porqué los soldados hincaban su bayoneta en obras de arte, disparaban a la nariz de las estatuas o cagaban sobre los pianos más hermosos. Ahora lo entiendo: para enseñar a los civiles el más profundo respeto por los hombres en uniforme – el miedo incontrolable.

En “Happy Birthday, Wanda June“, el coronel Looseleaf Harper nos confiesa,

Las guerras serían mucho mejores si los soldados se dijesen de vez en cuando “Dios mío, no voy a hacerle eso al enemigo. Es demasiado”.

Wanda June es una niña atropellada por un camión de helados el día de  su cumpleaños -el título de esta pieza de teatro es ligeramente irónico, ¿no os parece?-. Tras el accidente, la protagonista sube al cielo, donde conversa con Jesucristo, Adolf Hitler, Albert Einstein y Judas Iscariote, mientras estos juegan al parchís.

Hitler aparece en varias de las novelas de Vonnegut. En “God Bless You, Dr. Kevorkian“, un periodista sube al cielo para entrevistarlo,

En este viaje tuve la suerte de entrevistar a Adolf Hitler. Me gratificó saber que siente remordimientos por sus acciones, que seguramente, tienen algo que ver con la muerte de 35 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial. [...] Hitler desea que se levante un pequeño monumento en su memoria en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Debería inscribirse, él dice, su nombre y las fechas 1889-1945. Debajo debería ir una corta frase en alemán, “Entschuldigen Sie”, que traducido, viene a decir “Disculpen”.

En su siguiente visita celestial, el periodista se encuentra con Shakespeare,

En mi último viaje, intenté entrevistar a William Shakespeare, pero sólo me dijo que el dialecto que yo hablaba era el inglés más repugnante que jamás había escuchado.

En la introducción a “Mother Night” (sólo las introducciones de Rabelais me fascinan tanto como las de Vonnegut),

Esta es la única de mis novelas cuya moraleja conozco. No digo que la moraleja sea ingeniosa, simplemente que la conozco: somos lo que pretendemos ser, así que, mejor ser cuidadoso con lo que uno pretende ser. [...] Ahora que lo pienso, hay otra moraleja: cuando estás muerto, estás muerto. Y se me ocurre una tercera: haz el amor cuando puedas. Es bueno.

El misterio del teatro, ilustrado al presentarnos uno de sus personajes,

Decir que era escritor, quiere decir que las demandas del arte eran suficientes para hacerle mentir sin ver ningún daño en ello. Decir que era dramaturgo es ofrecer al lector una advertencia más severa, pues nadie es mejor mentiroso que un hombre que ha moldeado vidas y emociones en algo tan grotescamente artificial como un escenario.

Para terminar, os confieso un secreto: un pasaje de Vonnegrut me empujó a comenzar este blog,

Practicar un arte, y no importa lo malo que seas, es una manera de hacer crecer tu alma. Canta en la ducha. Baila la música de la radio. Cuenta un chiste. Escribe un poema a una amiga. Hazlo tan bien como seas capaz. Obtendrás una enorme recompensa: habrás creado algo.

Fé de ratas

Tras recibir varios emails de protesta referentes al post “Mis mujeres, Alfred Hitchcock y los chistes malos”, el consejo editorial de Principia Marsupia, quiere hacer público el presente comunicado y correción.

En el mencionado texto, se afirma que “[Mis chistes malos] No los disfrutan mis amigas, ni las novias que he tenido, ni las jamelgas que deseo.”

Este blog reconoce la inexactitud factual de la afirmación previa, que debería leer, “[Mis chistes malos] No los disfrutan el 94% de mis amigas, novias y jamelgas que deseo, que cada día están más lindas.”

El autor del blog admite que algunas de vosotras sabéis apreciar un mal chiste.

Notad, sin embargo, la siguiente:

Advertencia. Las lectoras que han protestado pierden su derecho a no-reir ante un chiste malo. Este derecho sólo podrá restituirse a través de un recurso ante la Sala de lo Marsupial-Administrativo  del Tribunal Constitucional del Barrio Pesquero de Santander.

Firmado,

Alberto, Expléndido redactor jefe, Magnífico columnista, Majestuoso corresponsal para España y resto del mundo, Dictador Supremo y Eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo del Principia Marsupia.

Mis mujeres, Alfred Hitchcock y los chistes malos.

Se acabó.

Soy un hombre libre.

Nunca más volveré a pedir perdón por mis chistes malos.

Y todo, gracias a Alfred Hitchcock.

Os explico. Me encanta compartir chistes malos y descubrir juegos de palabras. Pero las mujeres, o al menos las mujeres que me rodean, no saben apreciarlos. No los disfrutan mis amigas, ni las novias que he tenido, ni las jamelgas que deseo. Ninguna excepto mi madre y mi hermana, claro está.

He hecho experimentos en altitud y a nivel del mar. Lo he intentado en cuatro continentes y tres idiomas diferentes. He contado mis peores chistes en las circunstancias más íntimas -y en casi todas las posturas-. ¿La recompensa ante semejante empeño? Ni una míserable carcajada.

Acabo pidiendo perdón cada vez que tiro de repertorio.

A vosotras me dirijo. A vosotras que resopláis cada vez que invento un chiste, a vosotras que cerráis los ojos y negáis con la cabeza. A vosotras que gruñís un “Alberto, por favor” como si fuese vuestro sobrino de dos años.

Sabed que un 3 de Enero de 2012 todo cambió.

Esta mañana, mientras terminaba el desayuno, me puse a leer una entrevista de Dick Cavett a Alfred Hitchcock en 1972 (¡algun día tengo que hablaros de las legendarias entrevistas de Dick Cavett!). Hacia el final del diálogo, Cavett pregunta por ciertas aventuras amorosas entre actores que Hitchcock ha dirigido. Éste responde con un chiste tan lamentable que casi me atraganto con la magdalena.

Un juego de palabras tan deplorable, que puede incluso traducirse al castellano:

Hitchcock: No particularizaré sobre este tema, estoy generalizando. Y él, está en el ejercito.

Cavett: ¿Cómo? ¿Quién esta en el ejército?

Hitchcock: El General Izando.

[El calembur en inglés es "generalizing" y "General Ising"]

Aquí tenéis un video de la entrevista. Hitchcock suelta el chiste en 1m 20s. Atención a su semblante tras contarlo. En mi opinión, esa expresión facial es la esencia de lo que significa ser británico.

El maestro no se disculpa tras semejante calamidad. Es más, termina rematando:

“Los chistes malos son la más refinada expresión de literatura”.

Me lo voy a tatuar en las nalgas. Para la próxima que venga a protestar.

 

Ni bueno ni malo, sino real

Mi resaca, la pierna de cordero y yo, estábamos reunidos frente al ordenador para felicitaros el nuevo año. Nos enfrentábamos, sin embargo, a un problema esencial: ¿Qué  desear a los lectores del Principia Marsupia? ¿Un buen año quizás? ¿O acaso un nefasto 2012?

No nos entendáis mal. Queremos alegría, especialmente para las personas de bondad e inteligencia. Y si te gusta este blog, eres, sin duda, alguien de exquisito gusto, sublime entendimiento y refinada sensibilidad. Pero la alegría se saborea por instantes, y, en todo caso, los humanos somos muy incompetentes para adivinar los eventos que nos ayudan a alcanzarla. Lo que en cierto momento nos parece desgracia, se revela, más tarde, como gran oportunidad. Y al revés, muchos deseos se muestran, una vez conquistados, como soporíferas circunstancias. Si uno mismo es incapaz de diferenciar, ¿cómo íbamos nosotros a desearos nada?

Estábamos en este debate, cuando la pierna de cordero nos recordó un texto de Derek Miller.

Derek Miller fue un escritor canadiense que falleció el pasado Mayo con 41 años. Unos meses antes, le había sido diagnosticado un cáncer terminal de colon. Derek preparó este post para que fuese publicado en su blog el día de su muerte.

El texto es, entre muchas otras cosas, una extraordinaria declaración de amor a Airdrie, su mujer y la madre de sus dos hijas. Os proprongo un reto: tenéis que leer el último párrafo de su artículo en voz alta y sin que os tiemble la voz. No es broma, ¡quiero que lo intentéis! Id a algún lugar donde podáis estar solos y recitad sus últimas palabras:

“Airdrie, fuiste mi mejor amiga y mi conexión más profunda. Quién sabe cómo hubiésemos sido el uno sin el otro, pero yo creo que el mundo habría sido un lugar un poquito más pobre. Te amé profundamente. Te amé, te amé, te amé.”

La solución a nuestro problema estaba en este otro párrafo:

“Nadie sabe realmente lo que la vida le prepara. Podemos hacer planes y podemos disfrutar de lo que nos gusta, pero no podemos pretender que todos nuestros planes funcionarán. Algunos lo harán quizás, la mayoría fracasarán. Nuevas ideas, nuevas ilusiones irán apareciendo: ocurrirán sucesos imposibles de imaginar con antelación. Todo esto no es ni bueno ni malo, sino real.”

Así se revelan los acontecimientos con la perspectiva del tiempo. Nuestras historias de amor y las de desafectos, las decisiones profesionales, los encuentros y las despedidas. En el momento en que ocurren, nos parecen de una tonalidad bien definida: a veces tristeza, otras alivio, otras alegría o euforia.  Con el tiempo, los colores se mezclan y las emociones se confunden. Aquella pérdida fue sufrimiento y desgracia, pero nos permitió descubrir nuevas ternuras. ¿Quién sabe si la victoria de hoy no se convertirá en tormento mañana?

Sólo una cualidad resiste: lo vivido fue real.

Mi resaca, la pierna de cordero y yo, hemos decidido no desearos un buen año. Tampoco uno nefasto (¿te imaginas?).

Que viváis un 2012 profundamente real.

Gracias

Chicos y chicas,

Gracias.

En sus dos primeras semanas, Principia Marsupia ha superado las 2000 visitas. La idea de escribir este blog surgió hace dos semanas,  así que tanta atención es una sorpresa fascinante. Quizás los blogs se rigen por la misma ley que gobierna las noches de parranda: las mejores son aquellas que no estaban planeadas.

También tengo que dar las gracias por los emails tan lindos que he recibido. Es estupendo que alguien escriba simplemente “Alberto, me has alegrado la mañana”.

Varios lectores que no me conocen en persona, han pedido que explique quién soy. Las referencias a Cambridge, la Física y Stephen Hawking son difíciles de comprender si no hemos compartido una cerveza. Siguiendo la costumbre del universo blog, he escrito una sección “acerca del autor”. En Principia Marsupia se titula “mi físico y yo”:

http://principiamarsupia.wordpress.com/about/

Escribir un 28 de diciembre tiene el peligro de que todo se confunda con una broma. Este post no lo es. Aprovecho para introducir una nueva regla (Ley Mesiánica 1/28122011): este blog considera el 1 de Abril como día oficial de las bromas. La elección no es original, el 1 de Abril es el día de La Coña en el resto del mundo, incluyendo países tan PIG como Portugal, Italia y Grecia, y naciones tan sosainas como La République. El día de los Santos Inocentes conmemora un genocidio infantil cometido en Belén y ordenado por Herodes, rey de Judea y vasallo de Roma. Ni Dios es más ateo que yo, pero elegir semejante onomástica para celebrar la chufla y el pitorreo es un pelín sordido, ¿no?