Cómo FIFA consiguió cambiar la ley para vender cerveza en los estadios

Alberto Sicilia / SAO PAULO

Crédito de la imagen: EPA

Crédito de la imagen: EPA

Cuando pregunto a los manifestantes contra el Mundial por los motivos de su enfado, en sus respuestas siempre aparece alguna referencia a la llamada “Ley Budweiser”: cómo la FIFA presionó al gobierno de Brasil para que cambiase la ley y permitiese la venta de cerveza en los estadios.

La venta de alcohol en los recintos deportivos brasileños estaba prohibida desde 2003.

Problema: Budweiser es uno de los principales sponsors de la FIFA, y quería vender sus cervezas en los estadios durante el campeonato.

Una ley votada por un parlamento de un lado. Del otro, los intereses comerciales de una organización privada. ¿Qué ocurrió?

La FIFA, dejó clara su posición con estas declaraciones públicas de Jerome Valcke, secretario general:

“Las bebidas alcohólicas son parte de la Copa del Mundo de la FIFA, así que las tendremos. Disculpen que parezca un poco arrogante pero es algo que no vamos a negociar”.

Y así fue. El Congreso de Brasil aprobó en marzo de 2012 la ley que permite volver a vender cerveza en los estadios. La Presidenta ratificó esa legislación tres meses después contra la voluntad de su propio Ministro de Sanidad.

En una reunión celebrada en Brasilia desvelada por Bloomberg News, ejecutivos de Budweiser y Coca-Cola persuadieron además al gobierno brasileño de aplazar el aumento de los impuestos en bebidas (que ya había sido anunciado) hasta después del Mundial.

Las asociaciones médicas brasileñas llevan meses protestando contra la pleitesía mostrada por el gobierno ante la FIFA: “nos preocupa que se perpetúe entre los niños esa relación automática entre fútbol y alcohol”.

La FIFA tiene otras prioridades, los manifestantes en Brasil tratan de recordárnoslo estos días.

Nota.- Esta es la segunda entrada de la serie “Brasil: el otro Mundial”


El hombre que producía cerveza en su estómago


[caption id="attachment_7910" align="aligncenter" width="1280"]alcohol Crédito de la imagen: Vimeo[/caption] En noviembre de 2009 una mujer llega con su marido completamente borracho a las urgencias de un hospital en Texas. Los médicos le miden una tasa de alcohol de 3,7 g/l (más de 7 veces el límite legal para conducir en España). El hombre es admitido en observación para ser tratado de la grave intoxicación alcohólica. A la mañana siguiente, el tipo asegura que él no había probado ni gota de alcohol. Los médicos le mandan a casa convencidos de que el paciente es incapaz de reconocer su problema con la bebida. Meses después el caso llega a los oídos de la doctora Barbara Cordell, decana de Enfermería en Panola College, que propone un experimento. Cordell y sus colegas encierran al paciente durante 24 horas en una habitación del hospital. Las visitas están prohibidas, sólo recibe snacks para comer y se somete a controles de alcoholemia cada dos horas. Los médicos no pueden creerlo: en algunos momentos de esa tarde, su tasa de alcohol en sangre alcanza los 1,2 g/l. Tras varios estudios gastroentorológicos, Cordell y el doctor Justin McCarthy resuelven el misterio. El paciente fermentaba cerveza en su propio estómago. Sí, sí, estáis leyendo bien, el señor era una auténtica fábrica de cerveza con patas. ¿Y eso cómo puede ser? Cordell y McCarthy descubrieron que el paciente sufría de una infección de Saccharomyces Cerevisiae, el hongo que se utiliza para fermentar la cerveza. Este hongo convierte el almidón de los cereales en alcohol. Así, cada vez que nuestro héroe comía algo rico en almidón (un plato de espaguetis por ejemplo) se agarraba una borrachera de órdago. Los casos de “auto-fermetación” son extremadamente raros. Todos vosotros tenéis ese hongo en vuestro estómago (pues se utiliza también como levadura para el pan), pero las infecciones masivas que provocan fermentación han sido observadas en muy pocas ocasiones. Apenas existen una docena de casos publicados en toda literatura médica y aún no se ha realizado ningún ensayo clínico al respecto. El artículo de Cordell y McCarthy podéis encontrarlo en el International Journal of Clinical Medicine. Nota: No soy experto legal, pero me atrevo a pronosticar que la próxima vez que os paren en un control de alcoholemia no servirá como excusa un “Disculpe, señor aggggente, pero anoche me excedí con los espagueeeeetis”.