Seguir viviendo en el lugar donde se recogen pedazos humanos

Alberto Sicilia / GAZA


[caption id="attachment_10308" align="aligncenter" width="1024"]Fotografía: Alberto SIcilia Fotografía: Alberto SIcilia[/caption] Han pasado 4 horas desde el ataque que durante la madrugada reventó una esquina del colegio de la ONU en el barrio de Yabalia. Los muertos ya han sido trasladados a la morgue más cercana. Nadie se ha ido. En cualquier otro rincón del mundo la gente habría huido del lugar de una masacre semejante. Aquí más de 3.000 personas continúan viviendo hacinadas en el patio del edificio y las aulas que lo rodean. «Dejé mi casa con mis hijas hace una semana. Vinimos a refugiarnos aquí porque los panfletos que lanzan los aviones israelíes nos prometían que era un lugar seguro. Esta noche hemos visto morir a 16 personas, pero no tenemos donde ir». Las palabras de Ataf, madre de 30 años, reflejan la tragedia adicional de Gaza: no existe lugar donde escapar. A pocos metros del aula que Ataf y sus hijas comparten con otras 5 familias, Mahmoud rebusca con una brocha en el suelo ensangrentado. Su tarea consiste en recoger los trozos humanos que aún quedan esparcidos. La bolsa que agarra con su mano izquierda se va llenando de cabellos, dientes y girones de piel. Para quienes sobrevivieron el ataque en Yabalia el horror continúa: tendrán que seguir durmiendo en el suelo de un edificio donde todavía se recogen pedazos humanos.