3 reformas de Allende que le costaron un golpe de Estado


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Crédito de la imagen: Wikimedia Commons

1) Nacionalización de la minería del cobre y la banca

El cobre ha sido siempre un producto esencial de la economía chilena. En los años 70, el cobre representaba tres cuartas partes de todas las exportaciones del país. Cuando Allende llega al poder, el Estado posee el 51% de las principales minas de cobre. El resto pertenece a compañías estadounidenses, en particular Anaconda Copper Company, controlada por las poderosas familias Rothchild y Rockefeller.

En Julio de 1971 el gobierno de Allende, con el apoyo unánime del parlamento chileno, nacionaliza por completo la minería del cobre. La reacción del gobierno de EEUU es inmediata:

“Esta seria infracción de las prácticas internacionales no sólo dañará a Chile, sino también a todos los países en desarrollo”.

Allende nacionalizó además otras 91 industrias básicas durante su primer año en la Presidencia, entre ellas la banca.

2) Reforma agraria

La mayor parte del terreno cultivable de Chile eran latifundios en manos de un puñado de familias.

El gobierno de Allende promulgó una reforma agraria que prohibía la posesión de más de 80 hectáreas por persona. En 18 meses todos los latifundios desparecieron.

Además, los campesinos, a través de organizaciones cooperativistas, reemplazarían a los representantes de los latifundistas en todos los organismos del Estado. También se instauró una asistencia técnica gratuita al campesinado y se establecieron planes de crédito para las nuevas cooperativas.

En este enlace podéis leer los 20 puntos básicos de la reforma agraria.

3) Reformas sanitarias, educativas y sociales.

Durante sus 3 años de gobierno, Allende promulgó además una serie de reformas en el ámbito sanitario, educativo y social:

  • Gratuidad de la universidad. El número de estudiantes universitarios creció un 89% entre 1970 y 1973. Para muchas familias humildes era la primera vez que sus hijos podían acceder a estudios superiores.
  • Sistema de becas para los niños de descendencia indígena (fundamentalmente mapuches) que habían sido discriminados durante décadas.
  • El “Programa de Suplementos Alimenticios” fue extendido a todos los niños en escuelas primarias y a todas las mujeres embarazadas.
  • Aumento de las pensiones mínimas al doble de la inflación.
  • Instauración de un sistema de centros de salud en barrios obreros con al menos 1 centro de salud por cada 40.000 habitantes.

Una ciudad bajo el toque de queda

Principia Marsupia desde El Cairo

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Crédito de la fotografía: AP/Maya Ayyeruzzo

Las noches deliciosas de té y shisha entre amigos ya no existen en el Cairo. Las risas y el bullicio de sus madrugadas son ahora vacío, silencio y oscuridad.

Y es que, la noche del Cairo tiene nuevos dueños.

A la caída del sol, los comerciantes recogen apresuradamente sus mercancías. Pocos minutos después aparecerán los blidados con ametralladoras que cierran las entradas de las avenidas. Ningún civil puede permanecer en la calle a partir de las siete de la tarde.

Apenas diez kilómetros separan el aeropuerto del centro de la ciudad. En ese corto trayecto, debemos atravesar ocho check-points del ejército. Jóvenes militares, ataviados con fusil, casco de combate y chaleco antibalas, repiten el tétrico ritual en mitad de una autopista a oscuras: 1) “¿Seguro que usted es periodista? ¿No será usted un espía?” 2) “Abra la maleta y enséñeme todo lo que lleva.” 3) “¿Eso es una cámara? Muéstreme todas las fotografías que tiene usted en la tarjeta”.

Y luego, cambiando su tono desafiante por una amplia sonrisa, “Bienvenido a Egipto, señor. Que tenga una feliz estancia”.

En sus casas, los cairotas se arremolinan en torno a televisiones que repiten, una y otra vez, que el país se encuentra en estado de guerra contra el terrorismo. El ejército sabe que para mantener el poder necesita del miedo y la paranoia.

Los generales han robado El Cairo. Las calles siguen aquí, pero su alma se ha evaporado.

Nota: puedes seguir nuestro viaje al Cairo en la página de Facebook de este blog.