La Resistencia Clandestina contra ISIS durante la ocupación de Mosul. [Capítulo 19 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / MOSUL (Irak)

A pesar de la brutalidad que ISIS impuso en la población de Mosul durante los 3 años que ocupó la ciudad, hubo gente que resistió.

Todo comenzó con graffitis pintados en las paredes de escuelas, mezquitas y otros edificios en la Ciudad Vieja de Mosul. Las pintadas eran simplemente la letra árabe “Mim” (la que corresponde a nuestra “M”), la primera de la palabra “Muqawama”, que significa “Resistencia”.

Realizadas clandestinamente durante la noche, era una manera de decir a otros ciudadanos que aún había esperanza, que no estaban solos. Y también una forma de de recordar a los militantes de ISIS que su victoria no había sido absoluta. Que podían controlar la ciudad, pero que había espíritus que nunca podrían conquistar.

Una letra “M” apareció incluso pintada en la Mezquita de Al Nuri, el lugar donde Abu Bakr Al Baghdadi se presentó al mundo como “Califa”.

El ISIS no se quedó con los brazos cruzados ante semejante desafío a su autoridad.

Prohibieron en la ciudad el uso de Internet y los teléfonos móviles por miedo a que los mensajes de resistencia se extendieran. Durante los primeros meses si pillaban a alguien utilizando un teléfono móvil, le cortaban la mano. Con el paso del tiempo el castigo se convirtió en la pena de muerte.

El siguiente paso de la “Resistencia M” fue pasar a la acción: durante las noches se acercaban sigilosamente a los checkpoints de ISIS junto al Tigris, mataban a los militantes y tiraban sus cadáveres al río.

Algunos resistentes pagaron por sus acciones: cuando ISIS capturaba alguno, los colgaban en público durante días hasta que muriesen.

Cuando el 16 de octubre de 2017 los kurdos, el ejército de Irak y las fuerzas de la coalición lanzaron el ataque para liberar Mosul, la resistencia jugó un papel fundamental dando las coordenadas de las bases de ISIS y las posiciones donde se escondían sus francotiradores.

Un adolescente que iba a ser suicida del ISIS cuenta su historia. [Capítulo 18 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / MOSUL (Irak)

Un adolescente de 15 años que iba a ser suicida del ISIS le cuenta su historia a Niqash:

Todos los días jugaba al futbol en la larga avenida que lleva a mi casa en Mansour [un barrio de Mosul]. Pero un día cambié de camino para ir y pasé por uno de los “Centros de Reclutamiento” de ISIS. Podía escuchar bastante ruido dentro, así que me acerqué y ví que había un montón de gente viendo vídeos.

Estaban viendo un vídeo de un combate entre los Soldados del Califato y el Ejército Iraquí. Había suicidas y morteros volando por todos lados. La escena alcanzaba su climax con ISIS ocupando el área por el que habían estado luchando y la colocación de la bandera negra en el edificio más alto. ¡Era una película de acción! ¡Era tan excitante! ¡Y además era real!

El vídeo terminó, pero siguieron viendo otros vídeos. Se proyectaban diez horas al día. Antes de que me fuese, uno de los miembros de ISIS me dio varios CDs con las grabaciones de otras batallas y ejecuciones de infieles y traidores. También me dio varios panfletos que llamaban a la yihad.

Me quedé fascinado con lo que había visto, así que empecé a ir más y más a menudo al Centro de Reclutamiento. Comencé a descargarme en mi teléfono móvil canciones yihadistas y discursos de Abu Bakr Al-Baghdadi. Estaba impresionado por las victorias y el heroísmo de los Soldados del Califato. Así que un día les dije que quería ser voluntario y apuntarme con ellos. Me mandaron a la mezquita más cercana, fui allí y registraron mis datos. Me dieron la fecha en la que debía incorporarme.

A mediodía de ese día besé a mi madre y le dije adiós. Ella estaba sola en casa y no sabía que podría ser la última vez que nos abrazásemos.

Legué a la mezquita y allí había otros dos muchachos de mi edad. Dos hombres armados nos subieron a una furgoneta y cuando ya estábamos sentados nos vendaron los ojos. No pudimos ver nada hasta que llegamos a una casa. Nos metieron al sótano.

Yo estaba muy asustado en aquel momento. Todo era muy confuso. No hablé con nadie en el sótano y mis manos temblaban. Recuerdo haberme dicho a mí mismo: ¿pero qué haces aquí, idiota?

Una media hora después llegó un hombre mayor con una larga barba gris. Se presentó y nos dio la mano. Cuando me la dio a mí dijo: “Aquí viene el héroe”. Esas pocas palabras me tranquilizaron mucho. Me sentí mucho mejor.

Nos sentamos y el hombre nos preguntó por nuestra edad. Éramos 24 allí y todos teníamos entre 12 y 17 años.

Se presentó: “Soy vuestro hermano Abu Abdallah. Pasé 10 años de mi vida con la Guardia Republicana de Saddam Hussein. Participé en la invasión de Kuwait en 1990 y vi con mis propios ojos cómo el Ejército de Irak oprimió a los kuwatíes y lo que los infieles chiítas hicieron. Esas horribles prácticas continuaron después de 2003. [El año de la invasión estadounidense]. De hecho, empezaron a ser peores. Por eso que matamos a los miembros del ejército y de la policía”.

Abu Abdallah pasó un mes con nosotros y nos enseñó religión y yihad durante 8 horas cada día. A su lado nos sentíamos fuertes, llenos de confianza. Nos solía decir cómo nosotros lucharíamos para la victoria del ISIS y cómo iríamos al cielo, donde encontraríamos comidas deliciosas y mujeres hermosas.

También supervisaba nuestro entrenamiento militar, que era realmente duro. En los campos a las afueras de Mosul aprendimos cómo manejar armas, cinturones explosivos y a conducir motos y coches. Cada vez que volvíamos a la casa nos tapaban los ojos para que fuese imposible que revelásemos su localización.

Lo peor era el hambre. Llorábamos de hambre. Sólo nos daban unos pocos dátiles, un poco de pan y agua. Pero Abu Abdallah nos animaba a aceptar el hambre porque eso nos enseñaba paciencia. De ese modo “seríamos dignos de convertirnos en yihadistas”.

En el sótano no había baño y teníamos que esperar hasta el final del día para poder utilizar el único baño de la casa. Si alguno se hacía pis en los pantalones, era castigado. Durante los 3 meses que estuvimos allí sólo pudimos lavarnos 3 veces. Olíamos como ratas.

Las condiciones en el sótano eran tan malas que pillé una infección en mis riñones y tuve que ir al hospital para el tratamiento. Aún hoy estoy en tratamiento. Si Dios me hubiese dado un poco más de fortaleza, ahora estaría en el Paraíso. Con Firas.

Firas era mi mejor amigo en el sótano. Era el más joven allí. Tenía 12 años y me dijo que su padre había muerto. Dejó a su madre para para incorporarse al Estado Islámico y nunca volvió a verla porque fue elegido, junto a otros 10 chicos para ser un suicida.

Lloré mucho cuando Firas se fue. Estaba triste por saber que no lo volvería a verle. Yo creo que hasta Abu Abdallah estaba triste. Cuando Firas iba a irse, Abu Abdallah puso la mano sobre su hombro y le abrazó. Hizo lo mismo con los otros 9 chicos. “Adiós mis hijos, nos volveremos a ver en el Paraíso”.

Si Dios quiere, cuando yo me recupere, seguiré a Firas.

Los coches suicidas del ISIS. [Capítulo 13 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / MOSUL (Irak)

Nada es tan temido durante la batalla contra ISIS en Mosul como los coches bomba suicidas. Parecen sacados de la película “Mad Max”. Construidos de manera artesanal a partir de coches normales, la parte frontal está revestida de placas de acero para que sea imposible pararlos. Las placas de acero cumplen también una función adicional: tras la explosión sirven como metralla de mortífera eficacia. Los conductores saben que la misión es suicida y que van a morir. La explosión tiene un radio mortal de cientos de metros. La única manera de detenerlos sería un disparo de artillería o un bombardeo aéreo, pero en un combate urbano donde apenas una decena de metros separan al ejército de Irak con los militante de ISIS, no hay tiempo material para frenarlos antes de que se empotren contra grupos de soldados y estallen. Tras decenas de bajas, los soldados iraquíes apenas han encontrado una precaria táctica para minimizar las pérdidas: el uso de tractores blindados que colisionen frontalmente contra el coche suicida. El problema es que la misión es también casi suicida para el soldado que conduzca el tractor. No hay anda mejor para comprender el aspecto y el funcionamiento de estos coches suicidas como ver las fotografías de los que han sido capturados en garajes antes de estallar de los que militantes del ISIS que los construían han huido.  

Hawra, el rostro de un bombardeo americano sobre Mosul. [Capítulo 7 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / ERBIL (IRAK)

[Mosul es la capital del ISIS. Fue en la Gran Mezquita de esta ciudad donde Abu Bakr Al-Baghdadi proclamó el “Califato” en la primavera de 2014. Una coalición formada por el ejercito iraquí, tropas kurdas y grupos paramilitares chiíes, con el apoyo aéreo de EEUU, lucha desde hace meses por recuperar Mosul.]

Hawra tiene 4 años y hasta hace unos días lucía una preciosa melena rubia. Ahora su cara y sus ojos están quemados.

Un avión estadounidense lanzó una bomba sobre su casa en Mosul. Más de 200 civiles murieron el 17 de febrero en el mismo bombardeo sobre el barrio de Al Jadida.

Hawra no para de gritar pidiendo a su mamá. Todavía no sabe que ella murió en el ataque y ni siquiera han encontrado su cuerpo entero.

A diferencia de las batallas por la liberación de Ramadi, Faluya o Trikit, en Mosul el gobierno irakí pidió a los civiles que no huyesen de la ciudad. Todas las ONGs y las organizaciones humanitarias que trabajan aquí advirtieron que esa decisión crearía el desastre. A eso hay que añadir que ISIS ha comenzado a ejecutar a los civiles que tratan de huir del territorio bajo su control.

Ala, el padre de Hawra no pudo si quiera enterrar a su mujer. “Tapé sus restos para evitar que se lo comieran los perros”. Con su hija quemado en brazos, tardó dos días y dos noches en salir de Mosul, esquivando a los francotiradores de ISIS y a los francotiradores del ejército.

Hawra ya no puede ver. A ratos se tantea la cabeza con las manos y llorando pregunta qué ha ocurrido con su melena.

Ningún representante del gobierno iraquí, ni del gobierno estadounidense se han acercado al hospital para preguntarles si necesitan algo.

Ala no sabe qué hará el día que Hawra salga del hospital: su casa quedó destrozada, sus seres queridos han muerto, su niña está ciega. Durante el gobierno de ISIS en Mosul, fue condenado tres veces a latigazos. Ahora, durante la liberación, EEUU se ha llevado por delante a su familia.

“Si yo sigo viviendo es por darle un futuro a mi pequeña”.

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