Los 5 remordimientos más habituales antes de morir

Crédito de la fotografía: Rosie O'Beirne, licencia creative commons

Crédito de la fotografía: Rosie O’Beirne, licencia Creative Commons

Bronnie Ware ha acompañado a cientos de personas durante las últimas semanas de sus vidas.

Esta enfermera austrialana, especialista en cuidados paliativos, confiesa que “casi todas las personas expresan los mismos remordimientos antes de morir”:

1.- Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir la vida que yo quería y no la que los demás esperaban de mí.

Este es el remordimiento más común. Cuando somos conscientes de que nuestra vida se está terminando, miramos hacia atrás y vemos todos los sueños que no hemos realizado. Mucha gente no se atreve a perseguir sus sueños y muere sabiendo que ellos son los responsables de las decisiones que los impidieron.

No somos conscientes de la libertad que tenemos por el mero hecho de estar sanos. Cuando llega la enfermedad, ya es demasiado tarde.

2.- Ojalá no hubiese trabajado tanto.

Este comentario me lo repitieron la mayoría de los hombres a los que asistí. Se arrepentían de no haber dedicado más tiempo a su pareja y a sus hijos cuando eran pequeños.

3.- Ojalá hubiese tenido el coraje de expresar mis sentimientos.

Muchas personas esconden sus sentimientos para evitar conflictos con los demás. El resultado es que se conforman con una existencia mediocre.

No podemos controlar las reacciones de los demás. Y, aunque al principio otra persona se moleste cuando somos honestos, eso hace que una relación crezca. O que se acabe una relación que no era saludable. En ambos casos, todo el mundo sale ganando.

4.- Ojalá hubiese mantenido el contacto con mis amigos.

Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de los amigos hasta que la muerte se acerca. Nos absorbemos tanto en nuestras rutinas que dejamos marchitarse las amistades. Olvidamos ofrecer a nuestros amigos el tiempo y el esfuerzo que merecen.

En las últimas semanas de vida, lo único que importa es el amor y las relaciones. Todo lo demás -el dinero, el éxito profesional- es absolutamente irrelevante.

5.- Ojalá me hubiese permitido ser más feliz.

Desgraciadamente, este remordimiento también es muy común.

Muchas personas no se dan cuenta de que la felicidad es una opción hasta que la muerte se acerca. Muchos se han dejado arrastrar por el confort de la vida cotidiana, el miedo al cambio o a la reacción de los demás.

La vida está hecha de decisiones. Y es tuya. Decide.

 

El mejor consejo para escribir

La mejor lección sobre el arte de escribir la escuché en una conferencia de Steven Pressfield. Dice así:

 Lección número 1 para un aspirante a escritor

 Nadie quiere leer tu mierda.

Permite que lo repita. Nadie -ni siquiera tu perro o tu madre- tiene el más mínimo interés en tu blog o tu novela.

No es que la gente sea mala o cruel. Simplemente están ocupados.

Nadie quiere leer tu mierda.

En la industria de la publicidad, existe un fenómeno llamado el “Síndrome del Vendedor”. Todo vendedor está enamorado de sus propios productos. El error que comete es creer que porque él esta enamorado de sus productos, el resto del mundo también lo estará.

El resto del mundo no sabe lo que tú estás escribiendo y tampoco le importa. Tus potenciales lectores están ocupados con los asuntos de sus vidas y no tienen tiempo para leer esa obra maestra de la que te sientes tan orgulloso.

¿Cuál debe ser tu respuesta ante esto?

1) Reduce tu mensaje a su forma más simple, clara y fácil de entender.

2) Hazlo divertido. O sexy, o interesante, o informativo.

Cuando comprendes que nadie quiere leer tu mierda, tu mente se concentra. Sólo entonces, empiezas a entender que la escritura y la lectura son, ante todo, una transacción. El lector te ofrece su tiempo y su atención, los dos regalos más valiosos que un ser humano puede ofrecer a otro. A cambio, tú, el escritor, debes devolver algo digno de lo que se te ha regalado.

Cuando comprendes que nadie quiere leer tu mierda, desarrollas empatía. Adquieres el don más valioso para cualquier escritor: la habilidad de cambiar la perspectiva desde tu punto de vista al punto de vista del lector. Aprendes a cuestionar cada frase que escribes: ¿es interesante? ¿es divertida? ¿es osada? ¿Estoy dando suficiente al lector? ¿se estará aburriendo? ¿estará siguiendo el argumento?

Este es el post número 100 de Principia Marsupia. Nunca podré agradecer lo suficiente vuestro tiempo y vuestra atención durante los últimos 9 meses.