90 minutos para vislumbrar semanas de masacre

Alberto Sicilia / GAZA


[caption id="attachment_10319" align="aligncenter" width="600"]Fotografía: Alberto Sicilia Fotografía: Alberto Sicilia[/caption] La última explosión se escuchó dos minutos antes de las 8 de la mañana. Las avenidas de Gaza, desiertas durante días, se llenaron en un instante. Una tregua anunciada para 3 días acababa de comenzar. Miles de personas refugiadas en el centro de la ciudad emprendían el camino hacia el oeste de la Franja, zona prohibida hasta entonces por el ejército israelí. Taxis repletos de familias, con los más jóvenes sentados en los maleteros, colapsaban la carretera que conduce a Khan Younis. El hedor de cuerpos descomponiéndose señala la dirección del barrio de Khuzaa. Mohammad, un joven de 20 años que viene para intentar recoger lo que quede en su casa, posa su mochila, gira la cabeza y comienza a vomitar. Caminamos por lo que fue la avenida principal de Khuzaa. A nuestra derecha algunos edificios siguen en pie, con fachadas consumidas por boquetes de la artillería. Del lado izquierdo sólo escombros hasta donde alcanza la vista. Esparcidos a lo largo de la avenida, grupos de jóvenes desentierran cadáveres. El olor a muerte es tan intenso que la tarea se realiza por turnos, lo que dure una bocanada de aire. De repente se escuchan los gritos de un hombre: “lo acaba de matar ahora mismo un francotirador”. Vuelve a sonar la artillería israelí. Todo el mundo echa a correr. La tregua ha colapsado. Han sido apenas 90 minutos para vislumbrar una masacre que ha durado semanas.