5 ejemplos de honestidad política lejos de España


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Karl-Theodor zu Guttenberg (Crédito de la imagen: Wikimedia Commons)

1) Karl-Theodor zu Guttenberg, Ministro de Defensa de Alemania, dimitió en 2011 después de conocerse que había plagiado parte de su tesis doctoral. Guttenberg renunció a todos sus cargos políticos y envió cartas de disculpa a todos los autores a los que había copiado.

2) Charles Kennedy, líder del partido Liberal-Demócrata británico, renunció a su cargo en 2006 después de que 25 parlamentarios de su mismo partido firmasen una carta pidiendo su dimisión. ¿Os imagináis en España a parlamentarios de un partido político pidiendo públicamente a su líder que dimita?

3) Max Streibl, Presidente de Baviera, dimitió tras conocerse que un amigo empresario le había invitado a unas vacaciones en Brasil y Kenia. Aunque aquella invitación no constituyese ningún delito, los miembros de su partido consideraron que se trataba de un comportamiento inapropiado y forzaron su salida del cargo.

4) Maxime Bernier, Ministro de Defensa de Canadá, dimitió en 2008 tras olvidarse unos papeles secretos de la OTAN en casa de su ex-novia Julie Couillard. Coulliard devolvió los papeles al Ministerio de Defensa, pero alguien filtró la información a la prensa y Bernier decidió presentar su dimisión.

5) Pál Schmitt, Presidente de Hungría, dimitió en marzo de 2012 después de que se demostrase que había plagiado algunos capítulos de su tesis doctoral realizada 20 años antes. Schmitt renunció al cargo de Presidente del país y se comprometió a realizar un nuevo doctorado.

Carta de un investigador a Chiquito de Guindos, ministro de Economía

Querido Luis,

Entre todas las cartas que he dirigido a los líderes de nuestro país, ésta es la más especial para mí: como el Ministerio de Ciencia ha desaparecido y sus tareas dependen ahora del Ministerio de Economía, resulta que tú eres mi jefe.

Quería alertarte sobre unas declaraciones que los periódicos de ayer te atribuyen: “Guindos aboga por cambiar el modelo económico del ladrillo al conocimiento”.

Luis, estoy seguro de que estas palabras no son tuyas, sino de Chiquito de la Calzada. Un hombre de tu integridad no puede haberse atrevido a semejante descaro una semana después de recortar la inversión en ciencia un 26%.

Hace ya un tiempo que sospecho que Chiquito te suplanta en las intervenciones sobre política científica. Por ejemplo, en la comparecencia parlamentaria del pasado 11 de abril, un sujeto que se identificó como “el ministro de Economía” declaró: “la inversión en investigación en España tiene una deficiencia al depender de subvenciones que deben ser eliminadas para dar paso a la inversión privada.”

Esta falacia es más grande que un elefante de Botsuana. Si las empresas españolas no invierten en I+D es, precisamente, por la debilidad de nuestra ciencia básica.

La investigación pública y la investigación privada se necesitan la una a la otra. Ninguna empresa puede arriesgarse a invertir en una idea «que quizás funcione dentro de 80 años”. La investigación pública puede aceptar esos retos. Y al revés, parte de los rendimientos generados por la innovación privada deben reinvertirse en ciencia básica si queremos construir una economía próspera.

La historia de la ciencia está repleta de teorías abstractas que generaron aplicaciones muy prácticas (el descubrimiento de la mecánica cuántica permitió construir ordenadores) y también de problemas cotidianos que dieron lugar a teorías muy generales (el estudio de la eficiencia de los motores está en el origen del segundo principio de la termodinámica).

El GPS se basa sobre la teoría de la relatividad, pero Einstein no estaba pensando en el TomTom cuando la desarrolló. Los EEUU tienen las empresas tecnológicas más avanzadas, pero también el mayor número de premios Nobel en física teórica.

Las compañías innovadoras florecen donde hay universidades dinámicas que producen ideas.

Las universidades florecen en economías robustas que generan impuestos para financiarlas.

Sostener que «debemos reducir nuestra inversión en ciencia básica para que las empresas españolas mejoren su I+D», es una estupidez mayúscula.

En la misma comparecencia parlamentaria, el tal “ministro de Economía” añadió: “se ha comprobado que un aumento en la inversión en I+D no se traduce necesariamente en mayor competitividad.”

Esta afirmación me dejó perplejo. ¿Dónde se ha comprobado? ¿Qué estudio soporta semejante conclusión?

Las estadísticas de la UE dicen que los países que menos invierten en I+D son, por este orden, Irlanda, Portugal, España, Italia y Grecia. ¿Seguro que no hay cierta conexión entre investigación y competitividad? Más importante aún: ¿acaso no comprendemos que las economías que menos apostaron por la ciencia son aquellas que están generando más sufrimiento humano?

Luis, estoy convencido de que tú no eres el autor de tan descomunales sandeces. Un ministro tan incapaz podría provocar que la ciencia española colapsase más rápido que Lehman Brothers.

Aunque, ahora que lo pienso, ¿quién fue el consejero para Europa de Lehman Brothers desde 2006 hasta su bancarrota?

Un caluroso abrazo Luis, jefe mío.

Firmado:

Dr. Alberto Sicilia, uno de tus serviles fistros diodenales.

P.S.- Si os parece oportuna, os ruego difundáis esta carta.