Tras su dictadura, Brasil votó entre Monarquía y República en 1993

Alberto Sicilia / Sao Paulo


Pedro II, el último Emperador de Brazil. (Crédito de la imagen: Wikimedia Commons)

Pedro II, el último Emperador de Brazil. (Crédito de la imagen: Wikimedia Commons)

Entre Mundial y protestas callejeras, algunos brasileños observan con curiosidad el debate que se está produciendo en España entre monarquía y república. Y es que, hace apenas una década este país celebró un referéndum para decidir su forma de gobierno.

La historia política de Brasil en la segunda mitad del siglo XX contiene ciertos paralelismos con la historia de España.

Brasil vivió bajo una dura dictadura militar entre 1964 y 1985.

En 1964, los militares se levantaron contra el gobierno de izquierdas de Joao Goulart que había sido elegido en las urnas. El golpe fue apoyado por los terratenientes y la Iglesia, que temían que Goulart acercase a Brasil al bloque comunista de América Latina.

En 1988, tras un periodo de transición que duró tres años, se promulgó la actual Constitución de Brasil.

Esta nueva constitución reconocía el derecho del pueblo brasileño a decidir la forma de gobierno del estado: monarquía o república, sistema presidencialista o sistema parlamentario.

El referéndum se convocó para 1993. En aquel momento hacía 104 años que el país no había tenido un monarca.

Desde el siglo XV hasta 1822, Brasil había sido parte del Imperio Portugués. A diferencia de otras naciones latinoamericanas, la independencia fue proclamada en 1822 por un rey. En 1899 los militares se levantaron contra el monarca y condenaron a la familia real al exilio.

“Mire lo que ha conseguido la república durante los últimos 104 años: 2 dimisiones presidenciales, 1 presidente que se suicidó, 3 presidentes depuestos, 7 constituciones diferentes y 2 largos periodos de dictadura”, decía un anuncio monárquico para el referéndum de 1993.

“¿Por qué un rey mejor que un presidente? Porque un rey no está atado a los juegos políticos de los partidos ni a los intereses de un grupo económico”, declaraba entonces Joao Enrique de Orleans y Bragança, uno de los posibles herederos del trono de Brasil que se había lanzado a una feroz campaña pro-monarquía.

Los brasileños fueron a las urnas el 21 de abril de 1993. Un 87% votó a favor de la república.

¿Y si cambiamos a los reyes por gatos?

Mark Twain (fotografía con licencia WikiCommons)

Ayer se celebró el 117º aniversario de Mark Twain. Una de sus ideas favoritas consistía en sustituir a los monarcas por gatos. Así lo explicaba en “Un yankee en la corte del rey Arturo”:

“Clarence estaba de acuerdo conmigo en lo de la revolución, pero con modificaciones. La idea que tenía era la de una república sin clases privilegiadas, pero a cuya cabeza estuviera una familia real hereditaria en lugar de un primer mandatario elegido.

Alegué que los reyes son peligrosos.

Entonces los reemplazaremos por gatos, propuso. Estaba convencido de que una familia real gatuna podía cumplir las funciones pertinentes: serían tan útiles como cualquier otra familia real, no tendrían menos conocimientos, poseerían las mismas virtudes y serían capaces de las mismas traiciones, tendrían la misma propensión a armar embrollos y tremolinas con otros gatos reales, resultarían risiblemente vanidosos y absurdos sin jamás darse cuenta de ello.

Saldrían baratísimos y, por último, ostentarían un derecho divino tan solvente como cualquier otra casa real, de modo que «Micifuz VII, o Micifuz XI, o Micifuz XIV, soberano por la gracia de Dios», les quedaría igual de bien que a cualquiera de esos mininos de dos piernas que moraban en palacio.

-Y por regla general -explicó en su inglés moderno y esmerado-, el carácter de los gatos estaría muy por encima del carácter de un rey promedio, lo cual sería una enorme ventaja moral para la nación, dado que la nación siempre toma como modelo el comportamiento moral de sus monarcas.

Como la veneración de la realeza está fundada en la irracionalidad, estos graciosos e inofensivos gatos podrían fácilmente llegar a ser tan sagrados como cualquier otra realeza, e incluso más, porque se empezaría a observar que no mandaban colgar a nadie, que no ordenaban decapitar a nadie, y que tampoco encarcelaban a sus súbditos ni les hacían sufrir crueldades o injusticias del tipo que fuere, de modo que debían ser merecedores de amor y reverencia más profundos que los reyes humanos habituales, y de hecho así ocurría.

Los ojos de toda la doliente humanidad pronto se volcarían sobre un sistema tan humanitario y benigno, y pasado un tiempo comenzarían a desaparecer los carniceros que componen las familias reales, y los súbditos de dichos reinos llenarían los puestos vacantes con gatitos de nuestra propia casa real. Nos convertiríamos así en la fábrica que aprovisionaría los tronos del mundo. Antes de que pasaran cuarenta años, Europa entera estaría gobernada por gatos, gatos de nuestra producción.

Se iniciaría entonces el reinado de la paz universal, que continuaría por toda la eternidad… ¡Miaaaaauuuuu!. Fffuuusss. Fizfizfiz.”

Yo sólo añadiría que algunos gatos tienen, además, mucha paciencia. Mira: