De helicópteros y desigualdad

Alberto Sicilia / Sao Paulo


[caption id="attachment_10281" align="aligncenter" width="460"]Crédito de la fotografía: AP Crédito de la fotografía: AP[/caption] La brecha entre ricos y pobres fractura Sao Paulo en todas las dimensiones del espacio. En la dimensión horizontal, el caminante se tropieza con las fronteras más conocidas de las urbes brasileñas: las que separan favelas y lujosos barrios de condominios. Sin embargo, cualquiera sea el punto donde el caminante se encuentre, es la dimensión vertical la que recuerda sin interrupción la división social de la ciudad: a los autobuses hacinados se superpone el vuelo continuo de los helicópteros. Aquí los ricos no viajan en taxi, sino en helicóptero. Sao Paulo ya supera a Nueva York como la ciudad del mundo con más aeronaves registradas. Cuenta Juan Arias que un millonario local celebró hace unos meses su cumpleaños en una hacienda a las afueras de la ciudad. Fueron tantos los invitados que anunciaron su llegada en helicóptero que el anfitrión tuvo que contratar a un equipo de controladores aéreos para coordinar los aterrizajes. En esta urbe que creció de 300.000 a 20 millones de habitantes en apenas un siglo, viajar de casa al trabajo se ha convertido en una penitencia cotidiana para millones de personas que se hacinan en autobuses y vagones del metro. “A esta hora Sao Paulo registra 280 kilómetros de atasco” decía esta mañana una emisora local. La disparidad en las infraestructuras que disfrutan ricos y pobres es escalofriante: Sao Paulo cuenta con 65 estaciones de metro (en Madrid, ciudad cinco veces más pequeña son 300), pero tiene 450 helipuertos. Sao Paulo son dos universos sin intersección alguna separados por 500 metros en vertical.