Las 6.000 niñas que ISIS vende en mercados como esclavas sexuales. [Capítulo 16 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / MOSUL (Irak)

El modus operandi del ISIS cada vez que alcanzaba una aldea yazidí era sistemático: primero separar a los hombres de las mujeres, a continuación fusilar a los hombres (obligando a las mujeres a ser testigos de cómo mataban a sus padres, maridos y hermanos) y luego secuestrar a las mujeres.

Las llevaban a cárceles, donde los militantes de ISIS eran los primeros en elegir la que les gustase.

“Las primeras 12 horas después del secuestro eran puro terror. Cuando alguien del ISIS elegía a una chica, la habitación se llenaba de gritos. Su madre la agarraba desesperada para que no se la llevasen. Las separaban y luego le daban una paliza a la madre.”

“Recuerdo a un hombre que tendría unos 40 años. Eligió a una niña de 10. Cuando ella se le resistió, él empezó a lanzarle piedras. La hubiese matado si al finalmente no se hubiese ido con él.”

“Muchas niñas se hacían heridas en la cara con la esperanza de resultar menos atractivas.”

“Cuando estábamos en la cárcel, tenía tanto miedo de que se llevasen a mi hija y nos separasen que la obligué a practicar sexo con uno de los prisioneros. Pensé que al no ser virgen ya no se la llevarían, ya no la venderían como esclava. No tenía otra opción. Pero la he roto por dentro.”

Las que no eran elegidas por militantes del ISIS eran vendidas como esclavas. Allí había ginecólogos que las examinaban y separaban a las vírgenes que, como anunciaban los carteles que colgaban de sus cuellos, tenían un precio mucho más alto. También se podían comprar y vender a través de WhatsApp o Telegram:

“Compartían fotos de las niñas, con mucho maquillaje y vestidas en lencería. Pedían unos 2.000 dólares por cada una, excepto por las vírgenes que costaban alrededor de 10.000 dólares.”

En un vídeo aparecido a finales del 2014 un grupo de jóvenes barbudos, sentados en un sofá y vistiendo atuendos militares, bromean: “Hoy es el día de la distribución. Puedes vender a tu esclava o dársela a otro como regalo. Puedes hacer lo que quieras con ella.”

Las que se negaban a practicar sexo eran ejecutadas. Otras decidieron suicidarse antes que ser violadas.

Algunas decidieron escapar, caminando por la noche campo a través, para evitar los checkpoints del ISIS hasta llegar a la seguridad de los peshmerga kurdos.

Otras familias lograron recuperar a sus hijas a través de traficantes, pero muy pocas tienen los 30.000 dólares que suelen pedir los contrabandistas.

“Durante los primeros días de mi libertad, me sentí aliviada y feliz por volver a estar con mi familia. Pero poco a poco, el alivio se fue convirtiendo en shock y en imposibilidad de comunicarme. Tengo pesadillas y flashbacks, mi estado mental cada vez se va deteriorando más. Cada vez estoy más segura de que nunca me recuperaré. Aunque vuelva a enamorarme, habrá siempre algo dentro de mí que está profundamente roto”.

 

Yazidíes: el genocidio del ISIS que el mundo olvidó. [Capítulo 15 de La Batalla por Mosul].

Alberto Sicilia / MOSUL

En agosto de 2014 ISIS llegó a Kocho, una pequeña aldea al noroeste de Irak en el distrito de Shingal, la región donde se concentra la minoría yazidí.

Los militantes de ISIS ordenaron que los 80 hombres de la aldea se pusiesen en fila junto a una de las paredes de la escuela. Inmediatamente fueron ejecutados con fusiles automáticos.

Nadia, que entonces tenía 21 años, fue obligada a contemplar la masacre junto a las demás mujeres. Ellas fueron testigos de cómo ISIS abría fuego y mataba a sus padres y hermanos.

“Después nos empujaron al interior de la escuela y nos dijeron que seríamos utilizadas como esclavas. Esa noche nos metieron en coches y nos condujeron hasta Mosul. A mí me entregaron a un militante de ISIS. Durante semanas me violó mientras me golpeaba. Una vez intenté escapar pero unos guardas me atraparon, se desvistieron y me violaron en grupo hasta que me desmayé”.

Masacres como la ocurrida en Kocho se sucedieron en otros pueblos y aldeas del Shingal: Qiniyeh, Hardan, Ramadi Jabal, Dhola, Khana Sor…

El terror se extendió a toda la región: más de 100.000 yazidíes corrieron a esconderse en las cuevas del Monte Sinjar [su refugio tradicional durante décadas de persecuciones], sin agua ni comida y completamente rodeados por ISIS.

Además de todos los que murieron en la montaña de sed, enfermedades y cansancio, quienes no pudieron huir acabaron en manos del ISIS. A finales del mes de agosto alrededor de 5.000 hombres yazidíes habían sido asesinados y enterrados en fosas comunes alrededor de Sinjar. Más de 6.000 mujeres y niñas habían sido secuestradas.

Los yazidíes son una minoría iraquí de menos de un millón de personas que ha mantenido durante siglos una religión sincrética, con elementos tomados del Cristianismo (el ritual del bautismo), del Islam (el ritual de la circuncisión) o del Zoroastrismo (la reverencia al fuego como una manifestación de Dios) junto a creencias pre-islámicas de la antigua Mesopotamia y la Civilización Asiria.

¿Cuál es la característica de los yazidíes que más “molesta” a ISIS? Que los yazidíes rezan a Melek Tawwus, el equivalente a “Satán”, el “Angel Caído”. En la tradición judeocristiana Lucifer era el arcángel favorito de Dios, pero se rebeló contra él y fue condenado a caer desde el Cielo al Infierno, para convertirse en Satán, el Diablo. Para los yazidíes, Satán no cayó del Cielo al Infierno, sino a la Tierra y, al ver el sufrimiento en la vida de los hombres, lloró. Sus lágrimas cayeron sobre las llamas del Infierno y las apagó. Así, los yazidíes no consideran a Satán como “El Diablo”, bien al contrario es un Redentor.

Para ISIS son “adoradores del Diablo” que deben ser eliminados de la Tierra.

No es la primera vez que han intentado ser eliminados. Durante el mandato Otomano en los siglos XVIII y XIX, los yazidíes fueron sometidos a 72 masacres conocidas. Y desde la invasión estadounidense de Irak en 2003, más de 800 habían muerto en ataques de Al Qaeda con coches bomba.

Al igual que Nadia, cientos de mujeres y niñas fueron entregadas a militantes de ISIS. Miles más fueron vendidas en mercados de esclavas.